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Vida se apagó en los brazos de Juana |
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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 15 de julio de 2010 |
• Doña Juana Alemán Salvatierra, de 43 años y madre de ocho hijos, está
ida, como en trance, perdida en el recuerdo de su hija Angie Martínez
Alemán, de tres años, que murió en sus brazos, mientras esperaba en
una escuela la llegada de una unidad de la Cruz Roja de Santa Rosa de
Pocosol
Gerardo Quesada Alvarado San Carlos Al Día
La niña murió víctima de la bacteria Shigellosis flexeneri , una bacteria muy común en alimentos en descomposición y que puede transmitirse por malos hábitos de higiene, pero en condiciones normales es muy poco común que una persona muera por ella, según el informe de las autoridades de salud. Angie no resistió más, la espera de la ambulancia, y falleció en las manos de doña Juana, bajo la impotencia de su padre Pablo Martínez, antes habían caminado a pie media hora, desde su casa hasta la escuelita de San Isidro donde pidieron ayuda. En sus brazos también venía Ingrid, su hermanita de nueve años, ella también, tenía un cuadro severo de vómitos, deshidratación y diarrea, venían graves las dos. Sentada en una silla en la Unidad de Pediatría del Hospital San Carlos, y junto a su hija Ingrid, ya recuperada, doña Juana nos cuenta los duros momentos que vivió junto su hija de tres año, antes de verla morir, sin poder hacer nada por salvarla.
 Doña Juana Alemán Salvatierra, espera la recuperación de su hija Ingrid Martínez, de nueve años, en la Unidad de Pediatría del Hospital San Carlos. Doña Juana, de contextura menuda, morena y de pelo corto saca fuerzas desde sus adentros para contar en qué condiciones murió su hija, pero no puede, se derrumba rápidamente, las lágrimas corren por sus mejillas quemadas por el sol de la bajura. Su voz se traba, respira fuerte y lleva sus manos a la cara, se encoge, pero saca fuerzas no sé de dónde y empieza a responder nuestras necias preguntas. El miércoles 23 de junio, en la mañana, Angie Martínez, de 3 añitos, se levantó con un fuerte dolor de estómago y con vómitos, ella era la menor de ocho hermanos, de padres nicaragüenses, que viven en la comunidad de San Isidro de Pocosol a 60 kilómetros del centro de Santa Rosa, cabecera del distrito. Tal vez, doña Juana no le dio importancia a los síntomas de Angie, pero pronto, también enfermó su otra hija Ingrid, de nueve años, una niña que bien parece que tuviera seis, las dos presentaban dolor de estómago, diarrea y vómitos. Por la lejanías del lugar y el mal estado de los caminos, las posibilidades de salir a un EBAIS eran pocas, por ello, doña Juana trató a sus hijas con remedios caseros, pero por desgracia las niñas presentaban un problema de desnutrición que hicieron que empeorara su estado. En una casa de madera en mal estado y condiciones casi de hacinamiento, viven los ocho hijos, el mayor sólo tiene 16 años. De un pozo artesanal, sacan el agua que consume toda la familia y la que usan para el aseo personal, no tienen electricidad y en la noche se alumbran con candelas. La vida en el hogar trascurre entre la miseria y el poco dinero que logre hacer don Pablo cuando consigue un trabajo ocasional. Cuenta doña Juana que ella llegó con su padre al país cuando tenía, solo dos años y desde ello, ha vivido en esa zona. Angie, era un niña menudita, morenita, como cualquier niña de su edad, le gustaba jugar desde que amanecía hasta el anochecer, pero el infortunio se la llevó ese jueves.
Sin agua potable Mientras doña Juana nos cuenta sus duras penas en esos inhóspitos lugares, donde no hay agua ni luz eléctrica y la alimentación de la familia es precaria, su hija Ingrid abrazaba a su madre con su ropita de hospital, se le observa muy respuesta y con mucho ánimo. Doña Juana recuerda que mientras las horas del miércoles 23 de junio empezaron a avanzar la salud Angie y de Ingrid se deterioraba cada vez más, ya en horas de la tarde doña Juana no sabía que hacer, sus hijas empeoraban y la deshidratación empezaba a ser visible. “Ya cuando comenzaba a anochecer yo le dije a Pablo que teníamos que hacer algo, porque las chiquitas estaban muy mal, entonces él me dijo que las sacáramos para el hospital, las alzamos y empezamos a caminar con las dos al hombro, yo veía a Angie cada vez más mal. Caminamos con las niñas como media hora hasta llegar a San Isidro, donde pedimos ayuda”, expresa. Cuenta doña Juana que eran como la siete y media de la noche cuando llamaron a la Cruz Roja de Pocosol, pero llegó hasta la una y media de la madrugada, dice esa mujer, un poco contrariada. -“Nosotros nos metimos en la escuela a esperar a la ambulancia y la niña cada vez se ponía más mal, no sabíamos qué hacer y la ambulancia no llegaba, las dos estaban muy mal, al rato, ella (Angie) murió en mis brazos, cuenta doña Juana, mientras se le quiebra la voz, ya no puede hablar y sus lágrimas asoman de nuevo y recorren todas su mejillas. Mira hacia los lados como buscando a alguien en quién apoyarse, trata de buscar a Ingrid que hace unos momentos estaba en su cama, pero ya no está, hace unos momentos una trabajadora social entró y se la llevó para su consultorio. Está sola, su esposo no puede acompañarla porque se quedó al cuido de sus siete hijos más. El cuerpito de Angie, tuvo que dejarlo en la escuela, mientras ella trasladaba a su hija Ingrid delicada al Hospital San Carlos en la Ambulancia que finalmente llegó, debía recorrer casi 100 kilómetros de su casa al hospital, temía por la vida de su otra hija, pero por gracia de Dios, fue salvado por los médicos. Con su hija delicada en el hospital doña Juana tuvo que asistir a dar santa sepultara a Ingrid, que fue enterrada en el cementerio de La Guaria de Pocosol. Atrás quedaba un montón de interrogantes por la muerte de su hija, la noticia cobró importancia nacional, no sólo por la forma en que murió la niña, si no, porque podría tratarse de una bacteria que contagiara a más personas. El Ministerio de Salud hizo un estudio rápido de la causas de la muerte de la menor y se concluyó que fue por la bacteria del género shigellosis. Se determinó que las condiciones higiénicas de la familia no eran las más adecuadas y que las niñas sufrían un cuadro de desnutrición severo, además, la familia, como muchas más de la zona, carecía, de agua potable. El agua la obtenían de un pozo artesanal. Pero aún quedó otra incógnita, por qué la ambulancia de Santa Rosa de Pocosol llegó tan tarde a socorrer a Angie y a su hermana, mientras una de ellas moría en lo brazos de su madre. También quedó en el tapete de discusión la situación que viven decenas de familias de Pocosol, Cutris y Los chiles, que carecen de agua potable y su única fuente del líquido son los pozos artesanales, cuyas aguas en su mayoría no son potables. Se calcula que en la región hay más de 80 comunidades de la bajuras que deben sacar el agua de un hueco, lo cual se convierte en una amenaza para la salud de estas familias.
 Funcionarios de la Cruz Roja de Pocosol prefirieron no dar declaraciones sobre la tardanza de la ambulancia en llegar a San Isidro, donde se pudo salvar una vida. Cruz Roja llegó tarde para salvar niña
El tiempo transcurrido entre el momento que la familia Martínez Alemán pidió ayuda a la Cruz Roja de Santa Rosa de Pocosol y la hora en que llegó la ambulancia, pudo ser vital para salvar la vida de la niña Angie Martínez Alemán, de tres añitos, que falleció en los brazos de su madre, producto de la deshidratación vómitos y diarrea que le produjo la bacteria shigella Flexeneri. Según doña Juana Alemán, madre de la niña fallecida, ellos llamaron a la Cruz Roja a las 7:30 p.m. pero llegó a las 1:30 a.m., o sea que pasaron seis horas para que llegara una ambulancia de Pocosol, mientras tanto, la niña agonizaba. Las distancia de Pocosol a San Isidro es de aproximadamente 60 kilómetros. Consultada Gabriela Solís, administradora de la Cruz Roja de Pocosol, sobre el tiempo que duró la Ambulancia en llegar, dijo que el lugar está muy largo y que es de difícil acceso, no obstante, agregó que no podía referirse al caso, que llamáramos al gerencia de la Cruz Roja en San José o con el departamento de prensa de esa institución. Noemi Coto, vocera de la Cruz Roja a nivel central, dijo que de acuerdo con información del comité de Pocosol, la llamada de auxilio se recibió a las 9:00 p.m. del miércoles 23 de junio, según funcionarios de la Cruz Roja se recibió por intervención de la policía, al parecer un guarda vino a avisar, porque en la delegación no tienen teléfono y para colmo, en ese momento no estaba una unidad de doble tracción que se utiliza para entrar a esos lugares. Al parecer el mensaje lo recibió la policía por medio de radio comunicación.
Horas decisivas Cuando logró despacharse la unidad eran las 10:30 p.m. o sea hora y media después que llegó el aviso a la base, de acuerdo a la boleta de despacho No 18725 del Comité de Pocosol. Según información extraoficial, uno de los socorristas fue el señor Keilor Peña, quien dijo a otro medio de comunicación que cuando llegó ya no había nada que hacer, porque la niña había muerto. La vocero de prensa, dijo que la ambulancia no pudo llegar a las 1:30 a.m , al lugar donde estaban las niñas, porque según la boleta de despacho, a las 2:15 a.m. el vehículo que transportó al hospital a la niña Ingrid Martínez Alemán, hermana de la niña fallecida, ya se encontraba en la base de Pocosol. Así las cosas, mediaron algunos factores en contra de la menor fallecida y que pudieron salvarle la vida, entre éstos, la tardanza de la voz de alerta a la Cruz Roja y lo que duró en salir la unidad, a una comunidad donde se dura más de dos horas en llegar.
 De estos pozos, decenas de familias sacan el agua para tomar, en muchos casos, el agua está contaminada. Peligra salud por agua de pozos
En total, 80 comunidades de la Región Huetar Norte sacan el agua de un pozo artesanal, la mayoría ponen en riesgo su salud, porque el agua de estos huecos no es del todo potable. Las más afectadas son localidades del Cutris, Pocosol, los cantones de Los Chiles, Guatuso, Upala y Sarapiquí, aquí, a decenas de familias no le queda otra opción que hacer un hueco en la tierra y rogar a Dios que salga agua para el consumo diario y todas las demás necesidades. En el cantón de Los Chiles, hay 10 comunidades que sacan el agua de pozo, en Upala 19, en San Carlos 26 y en Sarapiquí 25. La muerte de la niña Angie Martínez Alemán, de 3 años, producto de la bacteria shigellosis flexeneri, pone en discusión las condiciones en que viven decenas de familias de la región, que deben extraer agua de estos pozos para tomar, lavar, cocinar sus alimentos y para el aseo personal. Muchos niños y adultos están en riesgo de contraer enfermedades y parásitos intestinales por el consumo de esta agua que no es del todo potable, y que tampoco es tratada con cloro.
 Escuela de San Isidro de Pocosol, utiliza agua de un pozo artesanal. Decenas de comunidades
Vilma Castillo, Directora Regional de Acueductos y Alcantarillados (AyA), dijo que hay más de 75 comunidades en la región que utilizan agua de pozo y que no se puede construir pozos perforados a todas porque el AyA no cuenta con recursos. Tampoco pueden llevarle el agua por medio de acueductos por los altos costos de trasladar el líquido de las nacientes y la institución no tiene plata para invertir en una sola zona del país. Uno de estos casos es la comunidad de Esteritos de Pocosol y Coopevega, donde se intenta dar soluciones rápidas ya que son muchas las familias que carecen de agua potable y en algunos casos los pozos se secan. En la mayoría de poblados de Los Chiles tienen que sacar agua de huecos, aquí, en algunos lugares el AyA ha construido pozos perforados, de las cuales se sirven varias familias, en otros, cada familia debe cavar su pozo para sacar el agua que consume. La salud de estas familias está en juego, los vómitos y diarreas, por carencia de higiene, son pan de cada día en estos hogares, la mayoría pobres, cuyos jefes de hogar viven de trabajos ocasionales.
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