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El cubano del Río San Carlos PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gerardo Quesada   
miércoles, 21 de diciembre de 2011
• Don Juan Lago Chiroldes, de 65 años,   más conocido como “Cubano”, porque  su  madre era cubana, lleva una eternidad de navegar por  el Río San Carlos, ha sido botero toda la vida,  y aún, hoy continúa en esa labor.

Luego de que se cayó el  puente de hamaca en el sector de Boca de Arenal, hace tres años, se dedicó a pasar la gente en su bote, con un motor de  15 caballos de fuerza, diariamente cruza en su bote a  trabajadores de La Hacienda  Maijú, a estudiantes y amas de casa. El trayecto no supera los 200 metros,  que es el ancho de río.
Cubano, es hijo de uno de los descendientes de un  grupo de colonos cubanos que llegaron al país en 1918,  algunos de ellos, se instalaron en Muelle de Florencia, como el caso de Heriberto Lagos de origen español,  padre de don Juan y su madre se llamab Gregoria Chiroldes, cubana. El grupo de cubanos venían comandados por el señor Juan Manso.
Cuenta don Juan,  que su padre fue maestro de la escuela de Muelle, luego de ahí,  se fueron a vivir a Colonia Escandinava, una comunidad alejada de Boca de Arenal, para llegar se tardaba  seis horas en bote impulsada por remos.
Ahí, en esa comunidad remota, hoy ya desaparecida, se asentaron sus padres Heriberto y Gregoria, hoy ya fallecidos,  y en ese lugar nació don Juan. El lugar  estaba lleno de   montañas habitadas por muy pocas familias. Asegura don Juan,  que en aquellos años los vecinos se ayudaba en las labores agrícolas, uno le prestaba la ayuda a su vecino en lasiembra de productos  y luego el otro se la devolvía.
Allí,  en medio de las montañas, don Juan aprendió a hacer botes con los troncos de los árboles de cedro y palancas de árboles de Sereno, que servían para empujar las canoas. Las palancas  llegaban a medir hasta 12 metros de largo, se metían al fondo del río y con estas se empujaban las canoas que a veces llegaban a medir  14 metros de largo,  dependiendo del tamaño del tronco del árbol.
Entonces, don Juan,  a punta de hacha y con una especie de formones hacía los botes, la labor era tediosa y muy difícil, hacer un bote se tardaba aproximadamente un mes, pero todas las familias que habitaban esas tierras debían tener uno. Era el vehículo para navegar por el río.

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Don Juan Lagos, más conocido como el Cubano, es uno de los últimos boteros que quedan en Boca de Arenal.


Botes cargados de animales

En los botes se transportaban  sacos de frijoles, maíz, arroz, cerdos y gallinas que se vendían río arriba, en Muelle,  donde llegaban los comerciantes a comprar animales y productos, que luego eran trasladados a pie arriados hasta Alajuela o Puntarenas.
El Cubano no deja de recordar esos tiempos, hoy se niega a dejar los botes, ahora impulsados por motores, pero cuenta que antes todos eran manejados con remos, el Río San Carlos, era una autopista transitada todos los días por boteros que navegaban por su cauce.
Este viejo botero asegura que añora esos tiempos, donde la vida era más tranquila,  a pesar de los duros trabajos en el campo y que había que remar durante seis u ocho horas río arriba cargados de productos y animales.
”Aquí, en Boca de Arenal, todo esto era sólo fincas, había unas cuantas casas”, expresa don Juan, mientras mira con  añoranza el río, que durante toda su existencia ha sido parte de su vida.
Ahora vive a escasos 20 metros de la orilla del río en una casa improvisada, aquí pasa todo el día a la espera de que llegue un pasajero para pasarlo al otro lado  y ganarse ¢500 por el servicio.
Don Juan recuerda   los tiempos de la ”Santa Rosa”, un barco de dos plantas  que navegaba por  el río y que tenía pulpería, cantina, cabinas y corrales donde se transportaba vacas, caballos y cerdos.
En las paradas la gente subía al barco a comprar diarios o vender animales, granos básicos, raicilla, “leche”de los árboles de hule que se exportaba a Estados Unidos  para hacer llantas y también madera del árbol de balsa para hacer aviones,  asegura don Juan.
La Santa Rosa viajaba  desde Muelle hasta  San Carlos de Nicaragua y pasaba una vez cada 15 días. El río se llenaba de canoas impulsadas por remos, iban cargados de mercaderías y animales.
Juan, dice que su negocio va en caída, porque cada vez transporta menos personas y con la construcción del puente de hamaca que la Municipalidad de San Carlos prometió hacer,  su oficio se terminará.
El Cubano, es descendiente de una familia de cinco hermanos, él tuvo cinco hijos, ninguno se dedicó al oficio de botero. Durante muchos años don Juan ha servido como voluntario de la Cruz Roja en su comunidad, es una persona amable y servicial, dicen quienes lo conocen.
El río San Carlos lo conoce como la palma de su mano, nunca ha sufrido ningún accidente,  y aquí sigue, pegado al río que le vio nacer.
Don Juan, es uno de los hijos de  últimos descendientes de una colonia de 90 migrantes cubanos que llegaron al país hace 90 años. Llegaron en barco a Puerto Limón, huyendo de la guerra en su país. El gobierno de Federico Tinoco, que gobernaba el país en 1918, les dio acogida.
 
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