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Tesoros a paso de tortuga (La venganza de Naturella) PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gerardo Quesada   
miércoles, 21 de octubre de 2009
Daniel Alvarado Murillo

    En tiempos muy lejanos la vida transcurría armoniosamente con la madre naturaleza, quien ofrecía a todos los seres vivos su alimento, abrigo, hospedaje, en fin, un escenario donde vivir y satisfacer todas sus necesidades.
    Por designio natural existían cinco seres con poderes sobrehumanos que velaban para que ese equilibrio se mantuviera en cada continente con sus mares, estos seres se denominaban Naturellas, que entonces, eran algo así como defensores naturales.
    Por aquellos tiempos, la humanidad desarrolló una ambición sin límite por el poder económico, sin importar los daños que le causaban a Pacha Mamma, como le decían los indios suramericanos a la madre tierra.
    En esa época, la riqueza se representaba y medía con piezas de oro que tenían formas de lingote o figuras de seres vivos. En una ocasión, un grupo de hombres ambiciosos viajaron por los mares a varios países de América del Sur donde esclavizaron indígenas, destruyeron la piel de la tierra que son los bosques y construyeron túneles en sus entrañas para extraer el mineral que fundían y convertían en piezas de oro.
    Era tal la cantidad del oro extraído, que se hizo necesario construir muebles grandes que facilitaran el transporte del mineral; a estos muebles se les llamó baúles.
    Después de destruir la naturaleza, incluidos los indígenas, estos hombres cargaron los baúles de oro en sus barcos de vela y se hicieron a la mar.
    Lo que nunca imaginaron es que la Naturella, que defendía lo que conocemos como el continente americano, conocía del daño que causaron a Pacha Mamma y, con sus poderes, haría justicia.
    Fue así como Naturella provocó una gran tempestad en el mar, con olas de muchos metros de altura que amenazaban con hundir los barcos de los ambiciosos, quienes no tuvieron más remedio que dirigirse hacia la costa para ponerse a salvo junto con el oro extraído.
    Los destructores de la naturaleza echaron pie a tierra en una playa grande de la costa del océano pacífico de Costa Rica y comenzaron de inmediato a descargar los grandes baúles repletos de oro, cuando todo su tesoro estaba en la playa, y escarbaban en la arena para esconderlo, Naturella se dispuso a castigarlos sin clemencia.
    Lo primero que hizo la justiciera fue convertir todos los grandes baúles en tortugas que de inmediato empezaron a desovar para luego dirigirse mar adentro, mientras eran observadas con espanto por los destructores, quienes se convertían, poco a poco, en arena y pasaban a formar parte de la superficie de la playa.
    Lo que pasó de aquí en adelante, muchas personas lo conocen, pero de todos modos, se los voy a recordar: Como el origen de esas grandes tortugas son los baúles, entonces se les llamó Tortugas Baúlas, nombre que con el tiempo, y por un fenómeno que se llama equilibrio fonético, se convirtió en Tortugas Baulas.
    A propósito, por mandato de Naturella, estas tortugas regresan todos los años a aquel lugar como una forma de recordar que debemos respetar la naturaleza y contribuir con su equilibrio, y que aquellos que le hacen daño, van a sufrir las consecuencias.
    No es de extrañar, entonces, que las baulas escarben en la arena para depositar sus huevos, al fin y al cabo, ellas estaban destinadas a ser escondidas en la arena como un tesoro y, además, su tesoro lo representan esos huevos que deben garantizar su perpetuidad en el planeta.
    Es por eso que muchos nacionales y extranjeros visitan todos los años Playa Grande, en la Bahía de Tamarindo en Guanacaste, para ver esos tesoros…es decir, las tortugas Baulas cuando llegan a desovar.
 
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