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Reflexiones sobre la cultura y la identidad sancarleñas Parte 2 |
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Monday, 03 November 2008 |
Adriano Corrales
Escritor costarricense
DEL ARTE Y OTRAS EXPRESIONES
Hablando de arte y talento, pienso que el sancarleño, históricamente, ha sido muy musical. Probablemente la música sea la expresión artística más acorde con la cultura sancarleña, y por ello la más desarrollada. Ha habido, y hay, excelentes compositores, músicos y cantantes. La familia Porras, del patriarca Paulino Porras (1917-1964), en mucho el padre del folclor sancarleño, para poner un ejemplo, ha sabido, hasta hoy día, mezclar y diversificar la música popular y folklórica con la música académica y comercial. En la región norte encontramos notables compositores y músicos, jóvenes muchos de ellos, pero que tienen poco impacto fuera de allí porque, sistemáticamente, no hay promoción “de lo nuestro”. En la plástica han aparecido buenos prospectos. Destacan Guillermo Herrera en Venecia y Olga Dorado en Ciudad Quesada, quien se trasladara a Guanacaste y ahora vive en San José, así como el grupo de mujeres artistas campesinas “Corazones valientes” de Monterrey. Por cierto, el caso de Olga Dorado sirve para revelar que la mayoría de artistas e intelectuales sancarleños se han trasladado al valle central, o fuera del país, porque en la región no hay espacios que les permitan expresarse. Aunque esa tendencia tiende a disminuir en el presente, ya se detectan artistas plásticos incluso organizados en grupos, pero aún no dan el salto definitivo posiblemente por lo que se acotaba acerca de la escasa promoción y la endogamia cultural sancarleña. En literatura hemos tenido algunos poetas interesantes pero menores, aún seguimos esperando al poeta y al narrador sancarleños por antonomasia. Hay muchos jóvenes escribiendo, lo sé, pero aún falta ver qué será de sus producciones. Entre la obra conocida destaca el trabajo de Francisco Rodríguez Barrientos (1956), tanto en poesía como en una singular producción de aforismos, única en Costa Rica y Centroamérica, así como una impresionante labor en la producción de ensayo y en la investigación sociocultural y ambiental. Precisamente Rodríguez Barrientos es el precursor de la investigación y la reflexión en torno a la vida e historia cultural de la región.
VUELTA DE TUERCA
Para retornar a la cultura sancarleña en general, es necesario decir que sus principales ejes pasan por lo que denomino, como ya señalé, culturas de frontera. San Carlos, y la región norte como región cultural, son una región de frontera en términos socioculturales, una zona de amortiguamiento cultural. Continúa recibiendo migraciones del centro, del Pacífico y del Caribe del país, así como de otros países latinoamericanos y europeos, principalmente. Pero también absorbe la migración nicaragüense que ha sido constante, fluida, fundamental. Eso, como ya lo dijimos, le otorga rasgos de frontera cultural, lo que la enriquecería notablemente si se promoviera esa visión, porque la cultura sancarleña se nutre de lo mejor del valle central, pero también del centro, sur y Caribe de Nicaragua y de otras regiones culturales del país y del mundo. Es difícil hablar de evolución cultural. Sería más apropiado hablar de procesos culturales: la cultura es algo vivo que siempre está en movimiento transformador. En sus procesos hay avances y retrocesos. Pongo un ejemplo de lo que podría ser un retroceso: una característica fundamental de San Carlos era su campesinado productor de granos básicos, lo que conformó una cultura campesina auténticamente sancarleña con expresiones artísticas propias en la música, la artesanía, la poesía popular, etc. Pues bien, toda esa cultura fue arrasada por los Programas de Ajuste Estructural, los famosos PAE, porque nuestros campesinos ya no pudieron seguir produciendo y se convirtieron en peones agrícolas, en asalariados de las grandes empresas agroexportadoras de cítricos o de plantas ornamentales. No pudieron seguir produciendo ni económica ni culturalmente. Cuando cambia la estructura económica y productiva de una sociedad, cambian también su cultura y su “identidad”. Ahora bien, ¿cuándo “nace” la cultura sancarleña? Es una pregunta torpe y tautológica. Inútil si se quiere. Pero, paradójica e históricamente, necesaria. Se puede responder que desde que hubo presencia humana en esa región, porque la cultura la hace el hombre en comunidad, o en sociedad. Así que desde nuestros primeros habitantes precolombinos, los Votos, Huetares y Caribes (hoy Guatusos o Malekus), ya teníamos una cultura sancarleña aunque no se conociera por ese nombre, ni se conserven, lamentablemente, elementos materiales que den cuenta de la acción sociocultural y artística de la época. Actualmente San Carlos es un enorme híbrido cultural surcado por la homogenización cultural que impone la globalización Esa situación, unida a la escasez de políticas e instituciones culturales en la región, lo convierten en una especie de tierra baldía, culturalmente hablando. Sin embargo, hay que subrayar su riqueza cultural inexplorada donde nuestros antepasados indígenas y los primeros colonos que se establecieron en esas tierras son los personajes más simbólicos porque forjaron lo que hoy conocemos como cultura sancarleña. En esa perspectiva histórica son encomiables los primeros médicos y maestros que llegaron a la zona, así como otros profesionales, empresarios y comerciantes que aportaron a la cultura y al saber sancarleños. Pero, a riesgo de equivocarme y de invisibilizar a otros, creo que los personajes más importantes, simbólicamente hablando, son El Boyero, el Trabajador Agrícola (Parcelero, Pequeño Productor), el mencionado Paulino Porras y casi toda su familia, y Fenelón Quesada como el primer historiador sancarleño. Es posible señalar múltiples logros en la cultura sancarleña, aunque habría que realizar una lista pormenorizada. En esa línea de búsqueda, el más importante hecho es el de que una región casi despoblada a mediados del siglo veinte se convirtiese en una de las más pujantes del país y de Centroamérica, sin grandes conflictos sociales, en un período muy corto, 50 años aproximadamente. Esto es todo un hito en la historia reciente de Costa Rica y de Latinoamérica, lo que habla de sus primeros pobladores como grandes emprendedores pues ya poseían el conocimiento necesario para echar a producir esta región incorporándola al desarrollo nacional y regional y ampliando la identidad cultural de lo que conocemos como lo “tico”, lo costarricense. |
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