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Reflexiones sobre la cultura y la identidad sancarleñas Parte 1 |
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Friday, 03 October 2008 |
Adriano Corrales Arias Escritor costarricense
Primera parte
PROLEGÓMENOS:
El estudio de las regiones culturales de determinado país puede conducir al estudio e interpretación de ese país en términos de la especificidad de sus procesos socioculturales. La región norte de Costa Rica, especialmente el cantón de San Carlos, bien puede ser un ejemplo de ello. Considerada como una de las regiones nuevas en la configuración del territorio nacional, y por ello mismo poco estudiada, su historia reciente nos proporciona suficientes insumos para comprender la Costa Rica actual. Su auge turístico, impulsado por la presencia del volcán Arenal e infinidad de ríos, lagos, lagunas, humedales y vertientes de aguas termales, además de su pródiga y variada flora y fauna, es ejemplo de una Costa Rica asediada por la inversión transnacional. Por supuesto, no intento tal desafío. Para ello sería necesaria una profunda investigación, inter y transdisciplinaria, que privilegie el trabajo de campo conjugado con historias de vida y análisis documental de archivo y bibliografía. No es el caso. Sencillamente me permito realizar algunas elucubraciones sobre la identidad y la cultura sancarleñas extendidas a toda la región norte de Costa Rica, conformada además por los cantones de Los Chiles, Guatuso, Upala, Sarapiquí y porciones significativas de Alfaro Ruiz, Naranjo, Grecia y San Ramón. a La cultura, en su acepción antropológica más general, se comprende, y así la percibiremos para efectos de este ensayo, como toda producción humana. La identidad, igual que la cultura, se construye a través de la historia en un proceso discontinuo. Por eso se transforman constantemente. Dentro de esa perspectiva no existe una cultura superior ni inferior, tampoco una identidad definida y fijada en el tiempo, aunque haya rasgos de la misma que podrían mantenerse durante largos períodos y espacios determinados. Eso sí, lo que tratamos de definir como identidad se forja frente al otro, o frente a los otros, los demás.
DE IDENTIDADES:
Para el caso de la identidad del sancarleño, o de la sancarleña, la misma se ha conformado frente a las migraciones del valle central y de otras regiones del país. San Carlos, por su extensión y sus límites, es una auténtica cultura de fronteras (limita al norte con Nicaragua) porque se pobló mediante diversas oleadas de migrantes cuando se extendió la frontera agrícola a principios y mediados del siglo XX; la colonización, tardía si pensamos en el resto del país y del continente, iba del sur al norte, pero igual se daba, y se sigue dando, un flujo contrario de norte a sur: la migración nicaragüense que es de suma importancia por su impronta en la cultura sancarleña y del país en general. Si de rasgos definitorios del “ser sancarleño” se trata, podríamos precipitarnos y apuntar que el sancarleño es trabajador, emprendedor, cooperativo, solidario, alegre, creativo, pero igualmente conservador, individualista, mojigato. Sin embargo, esos rasgos, que nacen con la colonización de lo que hoy es San Carlos, se han diluido y muchos de ellos ya no se perciben con nitidez por las necesarias transformaciones histórico-sociales. Los mismos tienen mucho del vallecentrismo costarricense, es decir, de la cultura proveniente del valle central de nuestro país, especialmente de Alajuela y los cantones cercanos a San Carlos (San Ramón, Naranjo, Grecia, Atenas, etc.), porque de allí provienen sus primeros pobladores. Pero también posee rasgos de la cultura nicaragüense y de la guanacasteca, en variados aspectos. Todo ello ha constituido una cultura autóctona que esbozó un poco la identidad del sancarleño de la cual hablábamos, pero que lentamente empieza a ser distorsionada y arrasada por la cultura masiva de la globalización bajo esquema neoliberal, especialmente la conocida como el “american way on life”, o sea, el estilo de vida estadounidense, que nos ha sido impuesto por los centros culturales de poder en un fenómeno violento de aculturación. Por ejemplo: el sancarleño ya no come lo que comía hace 30 años. Hoy existen los “fast foods”, o sitios de comida rápida y chatarra gringa, así como una serie de hábitos culinarios nuevos procedentes de distintas tradiciones como la nicaragüense, la centroamericana en general, la china, la italiana, la colombiana, cubana, etc. Hay un rasgo que no es distintivo del sancarleño, porque se expresa en muchas regiones del país y de más allá, pero que preocupa enormemente: es un tipo que no se preocupa por su cultura. Hay una especie de desvalorización de la misma, una suerte de baja autoestima respecto de lo propio que empobrece sus expresiones. El sancarleño es un individuo que no se reconoce en su cultura, es muy vallecentrista: prefiere lo que viene de fuera, lo extranjero; lo propio le parece “polo” y de mal gusto. Por eso ha sido difícil diseñar políticas culturales en la región norte del país, o, al menos, echar a andar una Casa de la Cultura en Ciudad Quesada como se lo merece, porque el sancarleño, en general, es muy reacio a la actividad cultural y artística a pesar de su probado talento. |
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