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escrito por Gerardo Quesada
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lunes, 05 de diciembre de 2011 |
• Nonis y pares Por: F. González S.
Como homenaje a nuestros antepasados que se preocuparon por crear, dejar una huella, servir. Nunca pensaron en servirse, no ocuparon un puesto pagado para alcanzar una placa, simplemente fueron ellos, a todos como mi abuelo, gracias por vivir en esta tierra. Bohemio, andariego, albañil, autodidacta, respetaba y amaba a su esposa y más. Le gustaba tocar el violín y por tanto era bohemio y soñador, no le interesó el dinero, sino vivir, vivir al ritmo pausado de un acorde, de un vals o un pasillo. Corpulento, de pelo lacio muy fino, todo blanco, sobre sus hombros colgaba un saco gris o negro, pues nunca metió los brazos sobre sus mangas, su camisa de manga larga, arrollada a los ante brazos y abotonada hasta arriba y su inseparable sombrero de color negro que le permitía sobresalir a sus pequeños ojos grises intensos y sus largas cejas herencia gonzaleña, sonrisa, mirada y diálogo eran un a trípode perenne. Así era mi abuelo paterno. Nació en un pueblo cercano a Alajuela, allá por Tambor, vino a San Carlos, regreso a Guadalupe donde compró un terreno de una manzana en Barrio Pilar, vivió un tiempo haciendo aceras de ladrillos de barro. Luego, cambió ese terreno, por unas 800 has de tierra en Río Cuarto y las abandonó por que abuela “ni amarrada se quedaba ahí”. Abuela no podía vivir más allá de cien metros de distancia del Mercado. Por eso cocinaba tan bien, no se me puede olvidar el rico “arroz guacho” que hacía con camarones secos pues de los otros había que ir hasta Puntarenas y eso era solamente una o dos veces en la vida. Según parece el primer denuncio de tierras que va del lo que hoy es el Liceo San Carlos hasta Florencia, lo hizo él, pero abuela le dijo. !Sabe cuando me voy a vivir tan lejos!. Por eso digo que la amaba y la respetaba. Hoy los “parís” dirían. “Le cantaba la gallina”. Eran otros tiempos, era albañil no agricultor. A la escuela fue hasta tercer grado, no habían más grados para estudiar, sin embargo leía los periódicos que recibía cuando compraba el diario. Antes el arroz, frijoles y otros productos se echaban en bolsas de papel y luego se envolvían en papel periódico, se leía y luego se cortaban en trozos pequeños que iban a parar a un clavo dentro de los servicios sanitarios a manera del papel higiénico de hoy. El reciclaje no es nuestro, ya los abuelos lo habían inventado. La Guerra de Vietnam, la seguía paso a paso por medio de escuchar una radio “de pilas de foco”, conocía todos los pormenores de la misma y disfrutaba la geografía universal por medio de una esfera que le regaló mi padre, por supuesto las noticias internacionales y demás aconteceres, disfrutaba del conocimiento. Sabía del mundo exterior por la radio. Le gustaba la historia y en un cuaderno tenía apuntes de nombres de quien trajo el primer autobús a Costa Rica y del primer taxi entre otros. Me contó que el primer rancho que se construyó en Villa Quesada fue en lo que hoy es Barrio San Antonio frente a la casa del Maestro don Jorge Molina cerca de la quebrada. El nombre no recuerdo y no está en los libros de la historia. Un cuñado que tenía recursos económicos, lo envió a San José a estudiar, con el afán de que instalara un dínamo en Villa Quesada, no tuvo problemas, estudio, trajo sus apuntes y esquemas y logró que por primera vez frente al parque, se prendiera un bombillo. Eran de verdad antes, hizo de juez de paz, trabajó en el cementerio, en su ocaso hacía carretas y carritos para los niños. Un día cortando una pieza de madera de cuatro por cuatro de almendro, la fuerza impetuosa de la juventud me hacía mover el serrucho con violencia, y con esa voz dulce y clara, pero con la sapiencia que da natura, me dijo “muchacho, el buen corte lo da el peso del serrucho y su filo, no la fuerza del brazo” Esto ha sido su mayor aporte para mi vida. El conocimiento. El serrucho es forjado en hierro firme, el buen serrucho tiene peso, su dentadura parece anárquica a primera vista, pues unos dientes van para un lado y otro e infunden temor, pero están fabricados con un propósito, el fue hecho para transformar la madera, útil para la persona humana. Eso debe hacer un buen albañil, transformar. ¡Gracias viejo, por ser albañil!. |
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