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La conquista del voto femenino en Costa Rica y su primera aplicación PDF Imprimir E-Mail
jueves, 21 de enero de 2010
• Jorge Rolando Molina González  - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

    De cara a las elecciones nacionales señaladas para este primer domingo de febrero del 2010, me parece oportuno ofrecer esta reseña histórica en torno al profundo significado que debe tener para la mujer costarricense, el logro de este derecho, y su primera aplicación en el país.
        La conquista de este  derecho; plasmado en nuestra Constitución vigente (Art. 90), no fue en modo alguno, una concesión graciosa de los partidos políticos, sino más bien, el  producto de una azarosa y prolongada lucha emprendida  por nuestras féminas desde el amanecer del siglo XX.
    Para  su logro, circunstancia que demandó más de 60 años de titánicas luchas contra la férrea resistencia conservadora de los legisladores, y de un altísimo porcentaje de la sociedad civil en el que también figuraban  mujeres, fue menester que se diera la confluencia de una serie de factores y  situaciones coyunturales, que se encargaron lentamente de ir despejando, el espinoso camino que hubo de seguir el movimiento feminista costarricense, baluarte insigne de estas luchas. Entre esos factores y coyunturas se debe mencionar en primera instancia, el gran impacto provocado en nuestra sociedad  por el movimiento feminista internacional que ya desde la segunda mitad del siglo XIX, se abría paso exitosamente en Europa, América anglosajona y en algunos países latinoamericanos. Su poderosa influencia, se tradujo en la fundación de la liga feminista de Costa Rica el día 12 de octubre de 1923 y, de la cual fue  artífice la señora  Angela Acuña, primera  mujer  abogada de nuestro país.
    Al empuje de esta corriente, se sumaron otras iniciativas como lo fueron  las reformas electorales de 1913, 1925, 1927 y 1946 que potencialmente abrieron espacios a las mujeres para coronar sus aspiraciones en 1949 con la conquista del derecho al voto; el apoyo incondicional que recibió primero del movimiento obrero costarricense durante las primeras décadas del siglo, y más tarde, del Partido ´Reformista que dirigía el General Jorge Volio. Igualmente cuenta la destacadísima participación que tuvo un  numeroso grupo  de mujeres, entre las que figuraban profesionales, obreras, amas de casa, y estudiantes del Colegio de Señoritas, durante la crisis política que vivió el país entre 1917 y 1919, con motivo del establecimiento y derrocamiento de la dictadura de los Tinoco ; y ni que decir, de la redefinición que experimentó el sistema ideológico de género que se dio durante la turbulenta década de 1940  y que llegó a su punto máximo de eclosión  con el conflicto bélico de 1948. (Rodríguez,pp.4-5)
    Destacar el hecho de que a pesar del espaldarazo  que recibió el movimiento feminista por parte de estos citados factores y coyunturas, eso no lo libró en su duro peregrinaje, de discursos descalificadores, plagados de prejuicios tontos que por doquier expresaban los sectores más conservadores de la sociedad costarricense. Se decía por ejemplo que la participación de la mujer en política, degradaba su imagen y los atributos propios del sexo femenino. También se arguía que el sufragio femenino era adecuado para  otros países más no,  para los de áreas tropicales en donde la mujer es tan apasionada, que con el ejercicio del voto femenino,  la virtud y la tranquilidad del hogar sufrirían mengua. No faltaron quienes poniendo en duda la capacidad de la mujer, dijesen en el mejor de los casos, que el derecho de las féminas al voto, no podía otorgarse de manera masiva por cuanto la mayoría carecía de educación y podría ser objeto de manipulación por parte de políticos inescrupulosos.     Estos juicios son verdaderas  joyas frente a otros mucho más aberrantes  o risibles. En todo caso, lo que cuenta, es la pujanza que siempre mantuvo el movimiento feminista, tanto en sus períodos de avance como de retroceso, cualidad que le permitió arribar a la  década de 1940 con suficiente entereza, como  para jugar un rol importantísimo de presión en la lucha que sostuvo  por el reforzamiento de las instituciones y la defensa de los derechos civiles y democráticos.
    Es evidente que con esta activísima participación en los sucesos del 48, y con el reacomodo de fuerzas que sobrevino concluida la contienda, el camino quedó completamente allanado para que por fin, las mujeres consiguieran el ansiado derecho a elegir y ser elegidas. De esta manera, se materializaba un viejo anhelo que había puesto  a la mujer en pie de lucha por más de medio siglo. La fecha histórica en  que la conquista del voto femenino se hizo realidad, fue el  20 de junio de 1949 cuando el diputado Gonzalo Ortiz Martin, secretario de la Asamblea Nacional Constituyente, propuso al plenario la aprobación del voto femenino bajo la fuerte  invocación que hizo a sus colegas sobre el real significado del concepto ciudadanía, término que involucra tanto a hombres como a mujeres en igualdad de derechos. Practicada la votación, el resultado fue aplastante: 33 votos a favor del voto femenino por solo 8 en contra. De esta manera, quedó consagrado constitucionalmente un derecho que años atrás solo había conseguido resultados adversos, y que conviene  recordarlos. El primer intento se hizo en junio de 1917 y solo 16 asambleístas constituyentes se pronunciaron a favor de esa iniciativa en tanto que 20 lo rechazaron. Un segundo intento  lugar en 1925 y el resultado fue de 15 a favor por 24 en contra. Era obvio que la resistencia seguía imponiéndose hasta el arribo de la década de 1940 en donde el panorama cambió por completo. (Ibid,p18).

Fuentes consultadas: Ensayo Dotar de voto político  a la mujer.  de la Dra. Eugenia Rodríguez Sáenz, académica de la Universidad de Costa Rica y artículo periodístico de la Dra.  Yalena de la Cruz publicado en el diario La Nación el 31 de julio de 1996 página 15 A  bajo el título de El Voto femenino.
 
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