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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 12 de julio de 2012 |
• Profe. Gerardo Arias
Se iniciaba la década de los años 60 y nuestros regidores municipales, con menos estudio, pero con más visión y menos politiqueros que los de los últimos tiempos, visualizaron la necesidad de comenzar a buscar alternativas de solución al futuro congestionamiento que sufriría nuestra pujante e incipiente Ciudad Quesada. Es así como, 100 metros al sur del Ingenio Santa Fe, se abre una trocha cuyo rumbo es el Barrio San Roque. Esta trocha que fue cubierta con lastre, muy paralela al Río San Rafael y bordeada por un exuberante bosque y por la otra margen, cubierta por espesos charrales y cañaverales de la empresa antes mencionada. Ya existía también en Ciudad Quesada una marcada diferencia de clases sociales. La alta sociedad, que se reunía religiosamente en el Salón La Central y la canalla, pobretería, cocineras u olla de carne, como la denominaban con mucha sorna en el Roycam, Altos del Granada o La Pila. Pues bien, este nuevo camino se convirtió en el punto de encuentro de amores prohibidos, infidelidades matrimoniales, citas nocturnas, “lances” y creo que la más grande fábrica de “cachos” que hubo en el Cantón. Este motel sin paredes, provisto de “camas verdes” o “vehículos cabina”. Después de las 9 de la noche, inclusive en horas del día, se convertía en el indispensable punto de encuentro, de los don Juanes, conquistadores, bailarines y apasionados dandis, que embriagados por el amor y la aventura o tal vez por muchas copas, hasta aquí llegaban a saciar su desbordante pasión por encantadoras dulcineas, culpables de sus desvelos, de persecución por sus esposa so apariciones en el Maijú. Hoy, muchos, cuando transitamos entre Santa Fe y el Barrio San ppablo o viceversa, en silencio y con cierta malicia esbozamos una sonrisa al recordar “LA CALLE DEL AMOR” |