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jueves, 03 de julio de 2008

Hombres que dejaron huella,
Mario Soto Cruz, uno de ellos.


    Cuando haya que escribir algo sobre una persona que encontrando allende su lugar natal, un sitio en el cual sentar sus reales y entregarse a servir con dedicación, habrá que tener en cuenta a un alajuelense: Mario Soto Cruz, quien por treinta años, los que corresponden a la flor de la vida; trabajó en Ciudad Quesada como laboratorista, con el Ministerio de Salud y El Hospital San Carlos en aquel entonces a cargo de la  Junta de Protección Social, contribuyendo en esa forma a mejorar la salud de la comunidad sancarleña.
    Pero no se crea que San Carlos era lo que es hoy o que Ciudad Quesada siquiera era Ciudad, no, era entonces, a la llegada de Don Mario, Villa Quesada. Claro que la Villa y el cantón apuntaban hacia arriba, con aspiraciones de cosa grande, porque sus fundadores, y los que allí se asentaban, no llegaban a medrar en el medio, sino a luchar con tesón, sin importar el invierno largo y lluvioso, sin importar las distancias, los caminos de barro o la acechanza de la sierpe o el felino de gran tamaño, ni el caudal de los ríos. San Carlos era para hombres, hombres y mujeres, mujeres.
    Nació el 3 de enero de 1918 en al Ciudad de Alajuela; allí creció, querido por los suyos y de sus amistades. Estudió en el Instituto de Alajuela; a muy temprana edad despertó en él la afición por la  Bacteriología (hoy profesión de Microbiología), de manera que muy pronto inició su labor en el campo de la investigación.   
    Más de treinta años sirvió en ese campo, en el Ministerio de Salud, dando combate a las enfermedades venéreas y a la malaria, tanto en las playas puntarenenses como en las pampas guanacastecas; laborando la mayor parte del tiempo en zonas insalubres, expuesto a todos los peligros y vicisitudes, dadas las circunstancias de aquella época.
    Llegó a Villa Quesada, hoy Ciudad Quesada, el dos de marzo de 1944, donde un año después contrajo matrimonio con la señorita Lilly Solís Chávez, perteneciente a una distinguida familia de la localidad.
    Sirvió al primer plantel de segunda enseñanza de Ciudad Quesada, la escuela complementaria, como profesor de Química y Física, esto con el ánimo de impulsar la cultura en el cantón, ya que en esa época se devengaba   un sueldo muy exiguo.
    Las inquietudes de Don Mario no pararon allí. En el año de 1948 contribuyó con la fundación de la Cruz Roja de Ciudad Quesada, reconocida de inmediato por la cede central de la Benemérita Institución. Bajo su dirección, ese organismo realizó varias campañas importantes: Durante la guerra (revolución) del 48 Don Mario y sus compañeros trabajaron ardorosamente sirviendo a quienes necesitaban su ayuda.
    Luego vino la  Epidemia de la Fiebre Amarilla que azotó la Zona Norte y las inundaciones en el año de 1950. Además, en el año 1955 durante la invasión, llevó alivio a los necesitados. Fiel a sus principios humanitarios y a su ecuanimidad, siempre hizo honor al principio de la Cruz Roja “Neutralidad y Caridad”.
    Todas esas actividades fueron paralelas al trabajo como laboratorista, en la Unidad Sanitaria (hoy EBAIS de la CCSS) y el Hospital San Carlos, donde se distinguió siempre por la preocupación ante los problemas de toda índole que se le presentaban al paciente y, para la cual él hizo las gestiones necesarias para resolverlas, con mucho sentido de humanidad y espíritu de colaboración.
    Por su labor, el Ministerio de Salud, le entregó un pergamino en reconocimiento a la magnifica labor que como funcionario suyo había desempeñado. Más tarde, el Liceo San Carlos y otras entidades, en forma, de pergaminos y otros tipos de homenajes, le testimoniaron su agradecimiento.
    Luego de treinta años de convivir con los sancarleños, de llevar una labor muy fructífera, la cual atendió con eficiencia y cariño, sin esperar recompensa y sin reparar la posición social o la condición económica de quien requería sus bondadosos servicios, regresó a la Ciudad de Alajuela donde disfrutó de su merecida pensión y del cariño de sus familiares y coterráneos, allí falleció el 03 de noviembre de 1993. Posterior a ello la Cruz Roja de San Carlos le ha rendido varios reconocimientos póstumos. También la Municipalidad de San Carlos en otro merecido homenaje póstumo le otorgó una placa en una de las estrellas que se encuentran al costado este del parque de Ciudad Quesada, donde también aparecen otras placas con  nombres de hombres   que dejaron huella y forjaron historia para este cantón.

Alberto Salguero.
 
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