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escrito por Gerardo Quesada
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miércoles, 21 de diciembre de 2011 |
• Por: F. González S. Nonis y pares
Que placer es el haber nacido en los años “nonis”, pues en los “parís” no tiene gracia, para mi nieto viajar en un autobús es toda una gracia, posiblemente para la mitad de los niños al menos, sea igualmente placentero. Con Manuel “pozola” íbamos a traer bananos hasta Arenal en un “chapulín”; tres largas horas por ese camino de piedra, jugando en la carreta a los brincos del camino o sentado en el guarda barro de esa máquina maravillosa hala productos, rota el terreno, transforma y da la mano al progreso. Por el placer de viajar, nosotros los que nacimos en los años “nonis”, desde una carreta con bueyes, “chapulín” o un camión Ford, que era lo más moderno, hacíamos muchas cosas que hoy no son permitidos por los padres. Traer bananos de la tierra de los “chacones, y los millones”, subir por el Río San Carlos, que se deslizaba silencioso, pero con una fuerza interior que arrastraba todo aquello que osara invadir su territorio; una canoa de seis o siete metros de largo por no más de un metro de ancho, bordeando el río y los sotacaballos, cruzando en medio de los bejucos que bebían agua pura no la contaminada de ahora, disfrutar del salto de un sábalo u observar a un pez bobo enamorado de una hermosa roca verdosa, el salto ligero de un piche, y mil expresiones más que nuestra naturaleza oronda ofrecía, era toda una experiencia, pobrecitos los “parís” que no tienen ese placer. Luego subíamos por el Río Platanar hasta llegar a la finca, ese era el único tránsito. La finca, añoranza, no se parece en nada a las de hoy: ¡mientras pelo la gallina, vaya güila y me trae las verduras!, ¡noo!, están equivocados, no era al mercado, era detrás de la casa, ahí estaba la chayotera, un poco más adentro, plátanos, bananos, una yuca de algodón que había que echarla de último porque se despedazaba; arrancar una mata de ñampí y la cabeza apartarla para el cocimiento de los cerdos. “!Ey, lleve la macana para sacar el tiquizque, y de paso se fija si hay elotes tiernos”!. Hoy, por las fincas de mi pueblo, las señoras esperan el carro del verdulero. En el platanar, se ofrecía al visitante un nuevo espectáculo: chucuyos, cuyeos, lapas pericos, tucanes chachalacas, pavas y todo tipo de aves que con tristeza solamente se pueden ver en los zoológicos. Era todo un festín. El campesino, como siempre con gran inteligencia y conocimiento, a la vega del río sembraba cuadrados, fruta apetecida por las especies de aves grandes como el tucán , chachalaca y otras, de esa manera, protegía al bananal ya que a ellas les gusta la fruta sazona, no madura y por ende, no le afectaría la cosecha. ¡Que racimos!, un metro de largo y cada “dedo” al menos de una “cuarta”, y con diez años de edad, había que echárselos al hombro, caminar unos cien metros y cargarlo a la canoa, leerlo suena fácil, pero cuando le tiemblan las “canillas”, y la canoa se mece al ritmo del río, hacerlo es otra cosa. Al final, el agua puja por entrar al bote, dos pulgadas y. agua a bordo. El bote repleto de racimos verdosos que se confunden con la naturaleza; pozola atrás con una larga varilla dirigiendo la canoa río abajo, y yo en el frente con un canalete atento a una orden del capitán, pues yo no sabía que hacer, no sabía nadar, no sabía del peligro, no me preocupaba de un “tamarindo” que arrastraba el río y pasaba rosando el bote, el árbol y el bote, en un silencio y parsimonia jugaban en el río, un solo movimiento en falso y en adelante, historia, no más viajes. De donde viene el peligro y la maldad, antes era un accidente y no eran muy comunes y la sabiduría del campo, no permitía tanta maldad, esta era casi accidental. Ningún papá o mamá permitirían esto hoy. Será que el mundo está al revés. Al llegar al desembarco, el viejo Millón se reía al ver las dificultades de Pozola por acomodar el bote, claro, en alusión a su apellido, el viejo había navegado el San Carlos, las mil y una noche, lo conocía a ojos cerrados, recordaba desde el primer tronco de Corteza Amarilla que pasó, hasta el último ceiba que arrancó la llena recién pasada. |
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