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escrito por Gerardo Quesada
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martes, 11 de octubre de 2011 |
• Heriberto Valverde Castro
Dos bellísimos y prósperos cantones de nuestro país cumplieron sus cien años en días recientes. El más grande de ellos tiene cuatro veces la superficie del otro, pero éste es siete días mayor que aquél. Uno de ellos, el mayor en edad y menor en extensión, pertenece a la provincia de Limón y una parte de su territorio está en el litoral Caribe; por sus tierras, muy cerca de la ciudad cabecera, corre uno de los ríos más caudalosos y famosos del país, el Reventazón, que curiosamente desemboca con otro nombre, Parismina. Por el sur oeste, el territorio de este cantón comienza en las estribaciones de la cordillera de Talamanca, y por el oeste en las faldas del volcán Turrialba, para extenderse por amplias llanuras hasta llegar al mar. El otro cantón es alajuelense. En su territorio se yergue uno de los volcanes de más atractivo turístico y por él corre un río que desagua en el San Juan, su nombre es el mismo del cantón. Por el sur, su territorio comienza en las estribaciones del volcán Poás y también se extiende por grandes llanuras, pero hacia el norte, hasta el río San Juan. En uno de los casos, el cantón y su cabecera llevan el mismo nombre, en el otro son diferentes. La historia del primero podría decirse que viajó en tren, pues prácticamente surgió durante la construcción de la línea férrea al Atlántico. El nacimiento del segundo está ligado a las actividades agrícolas y ganaderas, a la carreta y los bueyes. Las poblaciones originales de lo que hoy son estos cantones fueron pueblos aborígenes huetares. Las primeras comunidades posteriores a la llegada de los españoles fueron fundadas casi con cien años de diferencia. La primera se llamó Villa de Santiago y fue fundada por don Diego Gutiérrez, a finales de 1543, en las márgenes del río que entonces se llamaba Suerre y hoy se llama Pacuare, muy cerca de la cabecera del cantón limonense. La segunda en realidad ya existía como población aborigen, ubicada a orillas del río Cutris, que hoy lleva el nombre del cantón. Pero la historia reseña que el conquistador español Jerónimo de Retes, en 1640, la bautizó como San Jerónimo de Botos. Respecto de sus pobladores actuales, en el cantón alajuelense la mayoría son descendientes de los colonos que llegaron a aquellas tierras a finales del siglo XIX e inicios del XX, procedentes de otros cantones de esa misma provincia. También hay mucha población de origen nicaragüense, algunos descendientes de las primeras familias pinoleras que se establecieron en la zona, junto a inmigrantes de diversas nacionalidades, principalmente europeas, en los albores de esta comunidad norteña. En el caso del cantón caribeño, la población está compuesta por los descendientes de los inmigrantes jamaiquinos que fueron traídos para la construcción del ferrocarril, también a finales del siglo XIX y principios del XX; por los descendientes de los trabajadores de las bananeras, llegados a la zona en los años posteriores, desde diferentes partes del país y de otros países de la región, y por familias que emigraron conforme se fue ampliando nuestra frontera agrícola.
Felicidades siquirreños y sancarleños, y a seguir trabajando por el engrandecimiento de esos queridos cantones centenarios. |