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escrito por Gerardo Quesada
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viernes, 27 de noviembre de 2009 |
Manrique Quesada Sauma
Como si se tratara de una película, donde se logra viajar de manera fácil y rápida a través del tiempo, fue la experiencia que viví recientemente cuando visité la zona de Coopevega de Cutris de San Carlos y comunidades vecinas. El recuerdo de trochas llenas de barro, imposibles de superar, ríos que se desbordaban con facilidad, dejando incomunicados a los pobladores, ya que las tucas que servían de paso quedaban bajo el agua, pueblos abandonados sin corriente eléctrica, escuelas en condiciones precarias, hoy son cosas del pasado. Me bastó hablar con algunos vecinos para encontrar la respuesta a mis inquietudes del porqué ese cambio tan radical que hoy viven pueblos como Chamorro, Moravia, Crucitas, Llano Verde y otros, todos los entrevistados coincidieron al afirmar que la vida es diferente desde que llegó la compañía minera Industrias Infinito y su proyecto Crucitas. Esos vecinos me explicaron que hoy tienen corriente eléctrica, un trillo se convirtió en una carretera de 14 metros de ancho, transitable en todo el año, puentes de concreto que ya el río no arrastra y, mucho menos, los deja incomunicados, escuelas reconstruidas e incluso con bandera azul, tal es el caso del centro educativo de Crucitas. Me explicaron que hoy cuentan con un centro de cómputo, donde reciben capacitación por medio del INA, mujeres organizadas que tienen su propio taller de costura, esto en Coopevega, mientras que en Llano Verde se organizaron para constituir una cooperativa y ahora pretenden instalar una panadería, todo gracias al apoyo de la compañía, como se refieren a la empresa minera. Los jóvenes y adultos en general, lucen orgullosos en sus casas, certificados que los acreditan como egresados de diferentes cursos impartidos por el INA, quienes gracias a un convenio con la compañía minera, han venido capacitando y formando a los vecinos en diferentes áreas, desde la agricultura orgánica, pasando por elaboración de quesos, hasta el manejo de plantas residuales, son parte de esa oferta académica. Sin duda alguna, la vida les cambió y eso se percibe desde que se llega a estas comunidades, que por muchos años han estado abandonadas, olvidadas, hoy los habitantes de esta parte de Costa Rica esperan con ansías que se resuelva de manera favorable el problema legal que mantiene a la compañía paralizada y continuar por la senda del desarrollo. Vivir esta experiencia entre pasado y presente, fue impactante, ver como la esperanza en un futuro mejor vive en el norte de nuestro país, sus habitantes llenos de optimismo, centran sus esperanzas en una empresa que a la fecha solo beneficios les ha brindado, porque de los gobiernos de turno solo promesas han recibido. Fue entonces cuando entendí una frase de uno de los vecinos, ¨por algo Dios nos bendijo con poner una mina de oro en las Crucitas.¨ |
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