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¿Cómo se informa el costarricense? |
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Friday, 03 October 2008 |
EL Observatorio de la Libertad de Expresión (OLE) con sede en la Universidad de Costa Rica logró, recientemente, concretar la primera encuesta sobre la libertad de expresión realizada en nuestro país. Un producto tan serio y bien logrado por la Escuela de Estadística merece la cuidada atención no solo de quienes participamos en el debate sobre el derecho a la información sino también de los ciudadanos en general, en cuenta los periodistas (intermediarios del proceso informativo) y sus respectivos jefes (empresarios de la información). Los resultados del estudio serán presentados al público en el Primer Informe al país del OLE en la UCR el próximo 4 de setiembre en el auditorio de Ciencias Sociales a las diecisiete horas. El estudio es voluminoso y algo complejo, por lo que se publicará completo próximamente. Sin embargo, importa considerar los datos más relevantes que se desprenden de esta encuesta imparcial (no contratada) que se hacía necesaria para responder fielmente a la pregunta: ¿Cómo se informa el costarricense?_Interesa particularmente reseñar que el consumidor de información en nuestro país es mayoritariamente pasivo, visto que un 87% recurre diariamente a la televisión (tv), mientras que solo un 59% a la radio y apenas un 48% al periódico. La imagen que se combina con voz o sonido es más vívida y exige menos esfuerzo de abstracción que un parlante o una hoja con tinta que, además, mancha las manos, exige pago y, sobre todo, implica el esfuerzo (sobrehumano para algunos y pasado de moda para otros) de leer. La diferencia circundante al 30% entre tv y radio, o casi de 40% si se compara tv y periódico, es tan aplastante como implicante. En definitiva, a mayor poder, mayor responsabilidad. La incidencia de estos tres medios de comunicación en la construcción del imaginario social si bien es dispareja, reunida obliga al reconocimiento de que hoy las empresas periodísticas tienen tanta responsabilidad (y cuidado no más) en el proceso educativo que la escuela (léase: colegio, universidad o familia). Lo anterior, sin evadir lo evidente: la política hoy se construye desde la televisión que se hace acompañar de la radio y el periódico como cajas de resonancia y no desde el partido político, el sindicato, cámara o comité patriótico, como solía suponerse, ni se diga de la poca incidencia de la academia, por lo general desatendida por “invendible” (“demasiado complicada” diría algún franco y cómodo teleespectador). En definitiva, los medios de comunicación colectiva se ven seriamente fortalecidos o cuando menos son valorados favorablemente, considerando que el 64% de los entrevistados defiende la labor de los telenoticieros como plural, cayendo a un 50% en el caso de los periódicos y más allá, a un minoritario pero tampoco despreciable 46% en lo que a radios respecta. El dato, aunque curioso, por cuanto en la radio, por citar un ejemplo, se encuentran producciones independientes y numerosas estaciones, constata nuevamente que el costarricense guarda especial predilección por la televisión. A no dudarlo, vivimos en una democracia de opinión, no de conocimiento, realidad que el movimiento del No, por citar un ejemplo, no supo leer a tiempo en el pasado proceso refrendario pese a que algunos lo advertimos insistentemente. Pero no todo es loa para las empresas informadoras, también se vislumbra el obligado replanteo ante la evidencia de una clara deslegitimación que alcanza no solo a las instituciones públicas sino también a las privadas que, por su incidencia, terminan pareciéndole al ciudadano más un partido político, grupo de presión o hasta “cuarto poder” que una compañía. Sépase bien que ni siquiera una tercera parte de los opinantes defienden la información brindada por los periodistas como representación de la realidad (28%) y aún menos que sea información clara, concisa, directa y sencilla (17%). Y en el caso de afirmar la información obtenida de dichos medios como neutral, objetiva e imparcial, ya casi nadie se atreve (10%). Esto es particularmente interesante si se cruzan estos datos con los apuntados al principio, dado que muestran una evidente contradicción en los consumidores de noticias, toda vez que aún cuando la credibilidad de los medios es escasa (escasísima diría alguien más purista), todos invierten diariamente algo de su tiempo prestando atención como teleespectadores, escuchas o lectores, a lo que repitan o comuniquen esos medios, y ello independientemente de la des-calidad de la información que reciben. Significar lo anterior obliga a concluir que el periodismo como ejercicio no admite autarquía ni estrabismo, menos aún excesos de improvisación e incultura. No puede seguir siendo el gremio periodístico el menos autocrítico de todos ni las empresas de la comunicación los últimos reductos de descontrol que nos obligan a repetir hoy la pregunta clásica de la ciencia política y el derecho constitucional: ¿quién controla a los controladores? La respuesta a esta pregunta parece ser hoy más que nunca: la ciudadanía, que si bien contradictoria, sigue teniendo la última palabra mientras vivamos en democracia. La encuesta titulada el “Estado del Derecho a la Información en Costa Rica” ordenada por el OLE abre vetas de discusión, no las cierra. Es la primera piedra que colocamos en esta obra gris que habrá de ser casa, mas nunca cárcel, de la veracidad y adecuación de la información como única vía de fortalecimiento de la necesaria y hoy tan ausente discusión democrática.
Pablo Barahona Krüger Director Ejecutivo, OLE |
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