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escrito por Gerardo Quesada
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miércoles, 21 de diciembre de 2011 |
• Luis Mata Guillén
cédula: 5-233-178,
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Cuando Oscar Arias Sánchez presentó su candidatura a la presidencia de la República dijo que el barco necesitaba capitán y se hizo acompañar por Kevin Casas y Laura Chinchilla Miranda para que le ayudaran en esta tarea. Al término de su “dictadura en democracia”, recalcó que dejaba la mesa servida a su sucesora Laura Chinchilla Miranda. En poco más de año y medio de este gobierno la verdad sale a luz: el país está quebrado moral y económicamente, a la deriva en un mar de problemas. El equipo escogido por Laura Chinchilla resultó incapaz de enfrentar y resolver y se luce diariamente en su ignorancia y pérdida de contacto con la realidad; basta repasar las declaraciones sobre el plan fiscal del Ministro Herrero que nos recuerdan a la tristemente célebre María Antonieta, cuando en su soberbia pidió a los franceses fuera de palacio que si no tenían pan, comieran pasteles. Aquí los pobres ni comen frutas ni están organizados. Por otra parte, el Ministro de Información señala que las protestas -cada vez más frecuentes- son inconexas; nada tienen que ver los taxistas con los vecinos de Santa Ana, ni los motociclistas con la huelga de trabajadores en la zona atlántica, ni con las expresiones de violencia que vivimos en la calle. Punto y aparte merecen los distinguidos miembros del cuerpo médico nacional: brincan y se rasgan las vestiduras cuando se les señala como corresponsables por acción y omisión de la crisis de la Caja, pero no dicen nada del feudo en que convirtieron la institución. Lo peor es el cinismo en sus declaraciones cuando dicen que son “la profesión más noble” porque cuida la vida; les faltó indicar que la vida a la que se refieren es la de ellos. Nada tienen que ver con las protestas que en la Asamblea Legislativa se discuta un plan fiscal cuyo único fin es llevar plata a las arcas estatales a como de lugar, al mismo tiempo que somos informados de los cientos de millones que se gastan en consultorías, compra de carros, remodelaciones y demás y en los que todos los poderes de la república son cómplices. Nada tiene que ver con las protestas el descrédito ya no solo del poder ejecutivo, si no del judicial y el legislativo –que en honor a la verdad- es en estos tiempos el que menos lo merece, porque dirigido por quienes no forman parte de la concentración de poder, ha dado muestras de alguna sensatez. El gobierno es incapaz y ha creado un vacío de poder peligroso que nos tiene al borde del abismo. Busca culpables en todas partes pues carece de liderazgo; olvida que el problema no es el país si no quienes lo dirigen. En su neurosis gubernamental el gobierno va bien y gestiona mejor y por tal razón tenemos que premiarlo con más plata, con la complicidad de quienes negocian “por el bien del país” e ignoran concientemente la puesta en práctica del discurso -que repiten una y otra vez-sobre transparencia, dejando impunes a los responsables del desastre nacional. El gobierno no tiene plata, pero si por suerte la encuentra se gasta en superficialidades. En su ceguera neurótica, quienes dirigen el barco son incapaces de entender que el ‘‘valeverguismo’’ nacional es un arma de doble filo: a veces funciona para que nos hagamos los tontos con lo que sucede, pero en otras -una vez que el cántaro se rompe- sirve para salir a la calle a reclamar nuestros derechos sin que importe lo que se ponga por delante y menos quien se ponga por delante. El barco está a la deriva y amenaza con estrellarse. |