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Peligros y ríos crecidos recibieron a colonos |
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escrito por Gerardo Quesada
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lunes, 24 de mayo de 2010 |
Gerardo Quesada Alvarado San Carlos Al Día
En medio de la selva, cruzando ríos crecidos y sorteando todo tipo de peligros, don Ángel Serrano, hoy de 80 años y doña Angélica Rojas, de 84, entraron a Colonia Trinidad, hoy Chachagua, venían de San Isidro de Peñas Blancas. Este matrimonio junto con más de doscientas familias, de La Tigra, La Vega, Peñas Blancas y Palmares, se aventuró por esas tierras inhóspitas para conseguir una parcela donde cultivar. Abrieron caminos por la montaña y cruzaron ríos como el Peñas Blancas, lo hacían por medio de un cajón amarrado por cables, que eran halado desde la otra orilla para cruzar el caudaloso río. Así, desafiaron la naturaleza, las serpientes que abundaban y demás peligros para tomar nuevos territorios, en lo que llamaron Colonia Trinidad, una finca de 3 mil hectáreas donde hoy está ubicado Chachagua. Al cumplirse 45 años de la Ley de Reforma Agraria que permitió darle parcelas a cientos de campesinos del país, once agricultores de Colonia Trinidad, aún viven, y recuerdan las dificultades y la luchas que dieron para lograr tierra donde sembrar, entre ellos, doña Angélica y don Ángel.
 Los esposos Ángel Rojas y Angélica Serrano, vecinos de Chachagua, son fiel reflejo de las luchas que dieron los campesinos en el país para obtener tierra para sembrar.  Chachagua, 45 años después de que entraran los primero colonos a esta tierra.  Chozas de los primeros colonos de Colonia Trinidad. Cuenta doña Ángela Rojas, que una vez que llegaron a esas tierras hicieron unos ranchos con techos de “zuita”, una planta que abundaba en lugar para habitar. Según narra don Ángel Serrano, una vez establecidos en lugar empezaron a talar la montañas con hachas y cuchillos, luego, revolcaron la tierra con palas, arados y bueyes para sembrar frijoles y arroz. Así, bajo el calor insoportable, las piquetes de mosquitos y la mano que golpeaba con el filo del hacha los troncos de los árboles, los colonos de Colonia Trinidad cultivaron la tierra, pero nada fue color de rosa, una vez construido los ranchos y sembrada la tierra, el gobierno los acusó de precaristas, llegó la policía de San Ramón y los desalojó. Algunos, fueron encerrados en los calabozos de la cárcel de la delegación de San Ramón, otros como don Gaudelio Zúñiga, hoy de 74 años , estuvo ocho veces en la Penitenciaria Central en San José, por el delito de precarista, pero una vez que lo dejaban libre volvía a tomar poseción de su parcela. “Nos metían a la cárcel como a unos delincuentes, nos dejaban meses, pero nosotros no nos echábamos para atrás, volvíamos a la parcela donde habían quedado las esposas y los hijos”, recuerda este hombre, que era uno de los líderes del movimiento. Visiblemente emocionado, don Gaudelio se le traba la voz al contar las luchas y las humillaciones que vivieron por exigir tierra para sembrar. “Es un orgullo muy grande para mí, poder representar hoy todos estos campesinos humildes, sencillos, pero con una gran honradez, que llegaron a estas tierras, fueron días muy duros, pero logramos obtener tierra para nuestro hijos”, expresa este hombre en una reunión con motivo de la creación de un museo agrario en Chachagua.
Talaban con hachas
Cuenta don Ángel, que a veces pasaban todo un día cortando un gigantesco árbol con una hacha, se subían en la gamba para cortar el tronco. Doña Angélica que tuvo más de 10 hijos, recuerda que para ese entonces, nadie pensaba en ir a parir a un hospital, el partero era su esposo, todos los niños los trajo al mundo en su casa, narra esta valiente mujer de cabellos completamente blancos. Don Gaudelio explica que el entonces Presidente de la República Francisco Orlich, los trató en varias ocasiones de delincuentes y precaristas, pero el señor diputado por San Ramón Deseado Barbosa, los alentaba y le decía que no aflojaran, aunque los llevaran a la cárcel. Así, luego de interminables luchas y desalojos, en 1963 se firmó la Ley de la Reforma Agraria que permitió que decenas de campesinos obtuvieran tierras. Los agricultores de Colonia Trinidad, primer asentamiento campesino del país, lograron obtener 22 hectáreas de terreno cada uno y poco a poco construyeron lo que hoy es Chachagua, pero les costó, sudor, lágrimas y sangre. |
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