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Luchan para dejar la adicción PDF Print E-mail
Friday, 09 February 2007

Gerardo Quesada Alvarado, San Carlos Al Día

Las drogas han  bofeteado duro a ocho almas integrantes del Hogar de Paz de Porvenir de Ciudad Quesada. Durante años han vivido presos de la adicción y ahora quieren liberarse de ese flagelo. Aferrados a la palabra de Dios y con trabajo, intentan rehacer sus  vidas.

Las bulliciosa ciudad josefina y los barrios y barriadas, los precarios  de distintos puntos del país han sido el lugar donde empezaron a muy temprana edad en ese oscuro mundo.

Hoy, en el Alto de los Solís, en Porvenir,  lejos de esos lugares de perdición, el grupo integrado por varones jóvenes y adultos lucha para dejar de una vez por todas, la adicción.

Lo hacen únicamente amparados a la palabra de Dios y la oración que practican diariamente. Además, mediante el trabajo diario y ocasional intentan integrarse a la sociedad y llevar sustento al Hogar.

A un kilómetro de Porvenir y por una calle de empedrada, se accede al Alto de los Solís, donde un viento fresco y la brisa de estos días navideños se convierten en un bálsamo para el cuerpo de cualquier ser humano.

Desde aquí, se alcanza a ver a lo lejos Ciudad Quesada, y más allá las llanuras de San Carlos y el majestuoso Volcán Arenal.

Cada uno de ellos tiene una historia larga de humillación, dolor, delincuencia que lo llevó a lo más bajo para costearse la droga, pero hoy, intentan salir de la enfermedad que los ha marginado. Tienen fe que el único que los puede sacar del fango, es Cristo.

En las mañanas y en las tardes rezan el rosario, asisten  a oraciones y van a misa cada domingo. Se reúnen con otros grupos para orar y ponen sus vidas al servicio de Dios para tratar de rehacer sus vidas.

Como cualquier grupo tienen sus reglas, los que ingresan deben mostrar muchos deseos de cambiar, deben colaborar en las labores de la casa, tener deseos de trabajar y por ningún motivo probar droga alguna ni ausentarse del hogar, excepto para visitar a sus familiares.

La falta grave como el volver a la adicción, es penada con la expulsión.

En el Hogar de Paz hay personas de Alajuela, San José, Puntarenas y San Carlos: han llegado aquí, por que quieren rehacer sus vidas lejos de sus barrios.

Deseos de cambiar

Carlos Emilio Villalobos coordinador del Grupo, dice que tiene la fe y la convicción de poder  rehabilitarse y ser útil a las sociedad.

También, José Guillermo Chacón de 46 años y su hijo Tony Alonso Chacón de 20 años, quieren otra oportunidad para sus vidas (ver testimonio en página 11).

El grupo Hogar de Paz,  es parte de  los hogares creados por la fundación católica “La Paz del Dial”, con otro hogar en San José. Nació con el objeto de ayudar jóvenes y adultos a salir del mundo de las drogas. 

Pero, hoy Carlos Emilio Villalobos asegura que no reciben ninguna donación de dicha organización y deben trabajar y buscar ayudas por otros medios para cubrir los gastos de alimentación, electricidad, agua y alquiler de la casa donde viven.

Es por ello, que solicitan su colaboración: ofrecen sus servicios como peones en trabajos como construcción, pintura o chapeo. Pero, también aceptan la ayuda que les quieran dar en alimento, muebles o dinero para costear los gastos del Hogar.

También, reciben en su casa a cualquier grupo Católico o personas que quieran reunirse con ellos para compartir la palabra de Dios y su testimonio.

Sonia Solís Gamboa, vecina de Ciudad Quesada, invita a cualquier persona a colaborar con el Hogar: “Son personas que han sufrido mucho desprecio por su adicción: como a cualquier persona que ha caído, hay que darles una oportunidad”, expresa.

Si usted desea ayudar o contactarse con el grupo puede hacerlo al 461-0191 con Carlos Emilio Villalobos.

Pie1. Grupo Hogar de Paz, integrado por exadictos, esperan pasar una navidad juntos y en oración.

Padre e hijo presos de la droga

Don José Guillermo Chacón de 46 años creció en Tibás. Se inició en la drogas a los 15 años de edad. Comenzó con la marihuana, pero probó casi todas las drogas. Su hijo Tony de 20 años, no pudo más que seguir los pasos de su padre.

Él comenzó más temprano en este flagelo, a los ocho años de edad con las mismas drogas. “A veces no encontramos en las calles o en algún charral dónde dormir”, cuenta su padre, mientras abraza a su hijo.

Don Guillermo creció en un hogar cristiano, se casó y tuvo cuatro hijos, pero no pudo cumplir su rol de verdadero padre, las drogas pudieron más y lo perdió todo.

Aunque trabajó en muchas partes, no duraba mucho por la adicción y  los constantes incumplimientos de sus labores.

“Robaba o hacia cualquier cosa para conseguir la droga. Uno por la droga hace cualquier cosa”, cuenta este hombre que dice que al final dormía en calles debajo de cartones.

“Yo muchas veces quise suicidarme, porque en esto uno lo pierde todo; hasta la ganas de vivir. Cuando supe que había tocado fondo decidí buscar ayuda y llegué al Hogar de Paz. Después de estar unos días aquí, fui a buscar a mi hijo para que él también saliera de ese mundo”, cuenta el  padre.

Ambos dicen haber estado en hogares de rehabilitación, pero por alguna razón han caído o no se han sentido a gusto.

Aquí, en el Hogar de Paz dicen haber encontrado una respuesta a sus vidas.

Pie2. José Guillermo Chacón y su hijo Tony, buscan rehabilitarse de la adicción a las drogas en el Hogar de Paz de Porvenir de Ciudad Quesada.


Entregado a la delincuencia por la droga

A Jesús Reyes Soto no le da pena decir que robó, asaltó y vendió droga para obtener dinero fácil y costear su adicción.

Dice que empezó a los ocho años edad a consumir. Nació en San Rafael de Alajuela, pero creció en  el barrio conocido como  “El Infiernillo”.

Creció con la violencia a su lado, su padre era alcohólico y agredía a su madre y más tarde ella se tiró a la calle a consumir drogas.  Hoy, dice que no quiere ver a ninguno de los dos.

En la barriada donde creció, la droga estaba por todas partes y las agresiones, por ello, eran pan de cada día.

“En muchas ocasiones los vendedores de droga me pegaban unas palizas porque me daban la droga para que la vendiera y yo me la consumía toda” asegura.

Cuenta  que decidió internarse el Hogar de Paz de Barrio México, luego de una paliza que le dieron unos tipos a los cuales les había robado. “Me mandaron al hospital, casi me matan”.

Hoy asegura que no quiere saber nada de su San José, sólo desea rehacer su vida aquí en San Carlos, lejos del Infiernillo. 

Como todos los demás exadictos, Jesús asegura que desea cambiar. Logró encontrar trabajo en un aserradero de Ciudad  Quesada. Aquí acomoda trozas de madera. “Yo nunca había trabajado y en los primeros días me dolía todo el cuerpo”, cuenta.

Jesús Reyes Soto dice que desea poder sacar el bachillerato, porque apenas logró completar la primaria.

 
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