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Los botes del Río San Carlos |
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escrito por Gerardo Quesada
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miércoles, 15 de julio de 2009 |
• Las aguas sucias del Río San Carlos fluyen quietas y silenciosas
hasta su desembocadura en el Río San Juan, antes de llegar a ésta
serpentea por pequeños poblados de las llanuras de San Carlos.
Gerardo Quesada Alvarado San Carlos Al Día
Nada interrumpe la corriente que se abre camino por su cauce, de vez de cuando pájaro de Martín Pescador se zambulle al agua en busca de un pescado o una tortuga asustada penetra las aguas en busca de refugio en la profundidad del río. En Boca de Arenal, a una orilla del río, don Luis Chacón Obando, de 73 años, mira silencioso las agua serenas, a su lado se levantan varios árboles de sotacaballo, algunos yacen en el cauce con sus ramas secas apuntando al firmamento. Parado, en lo que antes fuera el muelle de Boca de Arenal, don Luis observa el río, lleno de nostalgia, su mirada se pierde en las aguas turbias y serenas. Recuerda que hace 60 años, el río era transitado constantemente por botes y lanchas cargadas de gente. Chanchos, gallinas, enfermos, mordidos de serpiente, comerciantes, mujeres a puntos de dar a luz, eran los pasajeros frecuentes de los botes. Una barcaza de dos pisos llamada “La Santa Rosa”, recorría el río recogiendo racimos de banano que eran llevados hasta Barra del Colorado para ser vendido a las empresas bananeras del atlántico. El barco era el medio de transporte más moderno de la época, porque llevaba dentro un comisariato o pulpería, donde la gente podía adquirir productos en la travesía.
 Este fue el comisariato o pulpería que por muchos años funcionó en Boca de Arenal, era propiedad de don Rafael Chacón. De lo que en otros años fuera un muelle en constante movimiento, hoy, sólo queda recuerdos. Se construyeron unas gradas de cemento utilizadas por los turistas para subir una pequeña pendiente y llegar hasta Boca de Arenal. De vez en cuando llegan aquí en pequeños botes con paseantes, luego de una travesía por el Río Peñas Blancas. En aquel tiempo, Don Juan Rafael Chacón Castro, padre de don Luis, era dueño de una panga, con capacidad para 30 pasajeros, prestaba el servicio de transporte de personas. Hacía el servicio dos veces al día desde Boca de Arenal hasta Muelle de Florencia. “Era una panga con motor fuera de borda, no tenía techo y si llovía la gente se ponía un plástico o habría una sombrilla. La panga salía llena de gente de estos lugares, dado que el camino llegaba hasta Muelle, para llegar a Ciudad Quesada las personas se transportaban de aquí en autobús o en vehículos”, cuenta Chacón.
Boca de Arenal era una hacienda
Según narra don Luis, su padre era el dueño de los terrenos de lo que hoy es Boca de Arenal. Era una hacienda de 80 hectáreas. Su progenitor lo trajo de Ciudad Quesada, cuando él era un bebé, aquí aprendió a trabajar la tierra. En esos años, para llegar a Boca de Arenal o Santa Rosa de Pocosol la única vía de acceso era el Río San Carlos. “Por aquí, dice mientras señala el Río, pasaban a cada rato lanchas y pangas con gente y productos. Nosotros hacíamos un viaje a Muelle en la mañana y otro en la tarde y siempre la panga iba llena de gente”, recuerda don Luis. Manadas de chanchos eran transportados en botes por río, según cuenta Chacón, una vez que los echaban en la panga los tapaban con un plástico por encima para que no saltaran y fueran a dar al rió. Los transportaban en bote hasta Muelle o a Quebrada Azul y luego eran llevados arriados hasta Alajuela. Con el paso de los años, Boca de Arenal se transformó en un pequeño poblado donde don Rafael Chacón estableció un comisariato o pulpería, aquí se vendía de todo tipo de artículos, a pesar de que han pasado más de 50 años, todavía se encuentra en pie, a pocos metros del Río. Según cuenta don Luis, la gente hacía trueque con raicilla que entregaban a cambio de diarios.
 Don Luis Chacón Obando, recuerda con nostalgia que hace 60 años, por el Río San Carlos subían y bajaba constantemente gran cantidad de botes. Otro de los productos que se cambiaban por mercadería era el hule, según cuenta don Luis, en ese tiempo abundaban en la zona gran cantidad de árboles de huele. Ayudados con espuelones y amarrados con un mecate, los vecinos subían por la corteza 20 o más metros, una vez en lo alto, con un cuchillo le hacían zanjas a la corteza hasta llegar al suelo, donde ponían un recipiente para recoger el líquido blanco, similar a la leche. Se dejaba el recipiente todo un día para que saliera toda la sustancia. Este producto, lo vendían en los comisariatos, luego éstos lo vendían a comerciantes que lo llevaban a Barra del Colorado para ser vendido a empresas transnacionales. Según cuenta don Luis, hace 70 años el río San Carlos era limpio y profundo, lo que permitía la navegación, hoy esto ha cambiado, es menos profundo y el grado de contaminación cada año es mayor. Los botes que antes recorrían el río han desaparecido, don Luis reconoce que todo ha cambiado y que la vida monótona y tranquila de Boca de Arenal, hoy no es la misma. Luego de relatar los recuerdos de toda su vida, Chacón abandona el muelle de los recuerdos, para volver a su casa ubicada 150 metros del cauce del Río San Carlos. |
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