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La partida de un hijo, hermano, esposo, padre, amigo, y funcionario ejemplar |
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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 15 de julio de 2010 |
• El pasado 27 de junio, partió a la casa de Dios, Jorge Arturo Blanco Solís, un sancarleño quien nos hereda un verdadero manual de buen hijo, hermano, esposo, padre, amigo y fidelidad a Dios. • Quienes tuvieron la dicha de compartir su vida, son los verdaderos testigos de este hombre que a sus 54 años, fue llamado por el Todopoderoso para pasar a formar parte de su Séquito Celestial, en donde con toda seguridad, se le asignará un lugar de privilegio.
Jorge Arturo: hijo, hermano, esposo y padre
23 junio1956 - 27 junio 2010. Falleció a los 54 años.
Jorge Arturo nació el 23 de junio de 1956, era el tercero de cinco hijos del hogar formado por Eduardo Blanco Valenciano y Luisita Solís Solano, (Q.d.D.g). Sus hermanos (Carlos Eduardo, Luis Ricardo, Nidia Isabel y José Alberto), le recuerdan como una persona excelente, sumamente responsable y cariñoso, comedido, y un gran hijo y hermano. Se casó con doña Sandra Altamirano Gamboa en el año 1986, hogar del que nació Alina su única hija. Jorge Arturo, es recordado por su esposa como un excelente esposo, compañero y amigo. Una persona que vivió para Dios, su familia, el trabajo y para ayudar a los demás. Alina, su hija, lo recuerda como un gran padre, dedicado siempre, llenando siempre el vacío de más hermanos; como hija única, era el papá, el hermano, el amigo y el compañero de estudios. Siempre luchó por cumplir esos papeles, “y no me queda la menor duda que los cumplió”, asegura Alina. Fue un gran creyente en Dios, de hecho siempre Le puso en primer lugar en su vida, luego a su familia que comprendía a sus hermanos, su esposa, hija, el trabajo y a la gente. Fue una persona que cumplió con el mandamiento de ayudar a su prójimo. “Fue un gran amigo”, así lo recuerdan sus más cercanos compañeros y amistades, “una persona muy organizada, muy decidida: las metas que se proponía, las cumplía”.
El gran compañero y amigo
Jorge Arturo Blanco Solís la mayor parte de su vida la dedicó a laborar como funcionario del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA). En esa institución trabajó durante 22 años, hasta su partida a la casa de Dios. Según su compañero y jefe, Rolando Villalobos, fue un gran funcionario, compañero y amigo. En el IDA, en un principio fungió como Jefe Regional en La Fortuna. Estuvo a cargo de la oficina de Pital. Se desempeñó como Coordinador Agrario y Administrador de Asentamientos Campesinos, y al finalizar su jornada terrenal, laboró como Coordinador Regional en el Área Técnica, donde le asignaron tareas de mucha responsabilidad y confianza, como Crédito Rural e Ingresos. Jorge Arturo, según el sentir de la mayoría de los compañeros del IDA, fue una persona muy respetuosa de la jerarquía institucional, de los agricultores y parceleros, entregado a su trabajo, de muchísima vocación, oficio, y muy humanitario. Rolando Villalobos, asegura que en muchas ocasiones le vio sacar dinero de su bolsillo, para ayudar a un agricultor necesitado que llegaba a su oficina. Fue un funcionario de muchísima fe en Dios, extremadamente ordenado, en fin, una persona de muy altos valores religiosos, humanos, y un sincero y gran amigo. Fue un funcionario con un enfoque hacia la búsqueda del bienestar socioeconómico de la población que atendía; siempre se preocupó porque las familias tuvieran vivienda, agua, luz, camino, y a la vez, muy preocupado por los problemas sociales de los asentamientos. Siempre se preocupó por buscar soluciones a los problemas de drogas, alcoholismo y otros que también llegan a los asentamientos. “Su partida deja un gran vacío en nuestro espíritu y en nuestra Oficina, nos ha hecho mucha falta, todavía no se llena ese espacio, nos invade el dolor en nuestros corazones, era una persona callada, pero de grandes valores que nos inspiraba. Él siempre iba a la cabeza de todo, era muy emprendedor. Sabemos que Dios lo tiene en la gloria pero su espacio aquí se siente”, destaca Rolando. “Personalmente tuve la oportunidad de compartir con él en muchas giras a los asentamientos que él atendía. La impresión que él dejaba a las organizaciones y representantes comunales, era muy grata y positiva; los campesinos lo catalogaban como un gran organizador, siempre haciendo grandes aportes en beneficio de las familias campesinas”. “Son muchos los agricultores que han llamado manifestando su gran dolor ante la sorpresiva partida de este funcionario. De mi parte digo que de los pocos amigos que yo he tenido, Jorge Arturo Blanco Solís era uno de ellos”, concluyó Villalobos. |
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