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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 17 de noviembre de 2011 |
• Agustín Carvajal Benavides, tiene 19 años de vida, y un pasado de
drogadicción, rebeldía y odio, del que salió, sólo por la misericordia
de Dios, no hay otra repuesta a lo que cuenta este joven que le tocó
vivir.
 Agustín Carvajal Benavides, corre todo los días para mantenerse fuerte alejado de las drogas. A este chico, aún con cara de niño, delgado y ahora con un brillante porvenir, lo encontramos en el “Hogar Vida Nueva” de Garabito de Aguas Zarcas o centro de restauración para personas adictas. El Hogar lo acogió cuando estaba en lo más profundo del abismo, de donde pocos logran salir, él fue uno de ellos, no sólo salió, sino que se puso de pie y empezó a “correr”, para huir de la droga y la indigencia que amenazaba con acabar con su vida. Cuando lo conocimos acababa de llegar de correr, es atleta, hace menos de un año ingresó a la selección del atletismo del cantón, ya ha obtenido algunas medallas y ha logrado algunos puestos importantes en varias carreras de atletismo. Lo entrena el reconocido corredor nacional Pedro Jiménez, asegura que su entrenador le ha dicho que tiene buen aire y que puede llegar muy largo. Son las 12:00 m.d y ha venido al Hogar para almorzar y cumplir con algunos deberes, estudiar un poco porque a las 5:00 p.m. ingresa al Colegio de Nocturno de Aguas Zarcas, donde cursa el quinto año, en el día, asiste al Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), donde lleva el modulo de Operador de Computadoras. Le roba las horas al día para estudiar, correr e instruir a los demás jóvenes que reciben terapia dentro del Hogar. Es un líder, un ejemplo para 14 jóvenes del Hogar Vida Nueva. Pocas historias de dolor impactan tanto como la suya, sobre todo porque a tan corta edad logra salir de lo más hondo del fango y empieza a correr en una sola dirección, en busca de sus metas y en una lucha sin fin para no volver a caer nunca más en las drogas, que empezó a consumir desde los nueve años de edad. Pero la carrera de Agustín no ha terminado, apenas empieza, lucha cada día por lograr sus metas y por no caer más el fango que por muchos años destruyó su vida, a tal punto, de vivir como un indigente en las calles en Alajuela, Ciudad Quesada y Aguas Zarcas. A Agustín, su madre lo regaló cuando tenía dos años de edad, aunque nació en San Carlos, se lo llevaron para Guápiles, según dice, su madre lo dejó tirado en una casa y desapareció. Lo cuenta sin inmutarse, quizá porque ya eso no le hace daño y porque vive el presente, la mujer de la casa donde fue dejado lo tuvo unos días, pero luego lo entregó al Patronato Nacional de la Infancia (PANI). Una hermana de la mujer que vivía en Turrialba lo adoptó y aquí empieza el calvario para aquel niño.
Maltratado físicamente
Según cuenta Agustín, la mujer que lo adoptó lo maltrataba físicamente, le daba brutales palizas porque él se portaba mal. Ingresó a la escuela y empezó a unirse con malas juntas y poco a poco empezó a fumar y mas adelante probaría la marihuana, cuando estaba en la escuela. Luego de que los funcionarios del PANI sedieron cuenta que era maltratado, lo recogieron y lo internaron en un albergue. Aquí la situación para aquel menor se complicó más: “yo me escapaba del albergue para salir a fumar marihuana o vender, y luego regresaba drogado, tenía problemas. Una vez me robé una cadena de oro de una de las tías y una tarjeta de débito que tenía ¢18 mil, propiedad de un niño discapacitado del albergue”, expresa Agustín. Cuenta este joven que los funcionarios del PANI si dieron cuenta que ya no podían con él, por los problemas que generaba y lograron contactar a su madre, dice que no sabe como lograron contactarla y le dijeron que viniera. Ella vino, pero para él, era una persona más, ya que nunca la había visto. Esta mujer, su madre, se lo llevó a vivir a Alajuela, donde su vida se le complicó más, entró más de lleno al mundo de las drogas, vendía crack, marihuana, cocaína, asaltaba y robaba. Las calles eran su hogar, su madre no podía hacer nada por él. Su progenitora dejó el hombre con el que vivía en Alajuela y se vino para San Carlos. El quedó con su padrastro, pero no duro mucho, éste lo expulsó a las calles por los problemas que le traía. Se juntó con vendedores de droga, pero cada vez se metía más en la droga. Vivió en el Infiernillo de Alajuela, un lugar muy conflictivo, pasó situaciones muy duras, estaba demacrado, no comía, consumía droga día y noche, era un indigente. Al final los mismas personas que lo utilizaban como vendedor, lo hicieron a un lado, por lo mal que estaba.
 Agustín asegura que es amante de la naturaleza. Agustín narra que alguien logró contactar a su madre que vivía en Venecia y él la llamó y le contó lo mal que estaba, ella le dijo que se fuera para su casa, pero aquí encontró nuevas juntas y se hundió en el alcohol y la marihuana, una día llegó completamente drogado y amenazó con matar a su madre, ésta llamó a la policía y le dictaron medidas cautelares. Volvió a su casa, pero su madre no lo quería y la policía lo volvió a detener y esta vez, un juez lo envío a la Cárcel de Menores de Zurquí, aquí estuvo un mes preso. Luego libre regresó a las calles, esta vez a Ciudad Quesada, asegura que dormía en donde primero le anocheciera. Su madre y su familia no lo querían. Cuenta Agustín que una vez se encontró un amigo que le habló del Hogar Vida Nueva, lo trajo al centro pero cuando le dijeron que tenía que aceptar a Cristo, salió corriendo, cuando ya estaba en el portón del Hogar. Volvió a las calles donde continuó durmiendo, consumiendo droga y pasando necesidades. Cuenta que una vez fumó hojas secas de Reina de la Noche, una planta que causa efectos alucinógenos. Esa vez, no sólo se fumó las hojas sino que consumió guaro, la mezcla de las dos, lo mandaron al hospital San Carlos, porque hablaba incoherencias y de ahí fue enviado al Hospital Nacional Psiquiátrico Chapuí, en Pavas donde pasó ochos días y estuvo 24 hora en coma. Cansado de vivir en la calles y con ganas de suicidarse, Agustín decidió, finalmente, internarse en el Hogar Vida Nueva, donde encontró a Cristo. Aquí empezó a dar pasos gigantes y luego corrió y ya no quiso parar. Agustín es un joven inteligente, con notas excelentes, de carácter definido. Perdonó a su madre, tiene como metas seguir corriendo para llegar a ser un reconocido atleta. También planea este año hacer el examen de admisión para ingresar a Universidad de Costa Rica donde quiere estudiar ingeniería forestal o medicina. Su testimonio es profundo, asegura que muchas cosas prefiere no contarlas, porque todo quedó en el pasado. Roberto Martínez, director del Hogar Vida Nueva, asegura que el testimonio de Agustín es impactante por todo lo que pasó y por lo que hoy es. El Hogar Vida Nueva, está ubicado en Garabito de Aguas Zarcas, si usted desea ayudar a este Hogar o colaborar para que los sueños de Agustín se hagan realidad puede comunicarse a los teléfonos 2474-3405 o al 8956-1913, con Roberto o con el propio Agustín. |
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Nota rápida al azar |
• Tras la muerte del Padre Bolaños, algunos lo consideran santo por su
legado de amor, espiritualidad, rectitud y cumplidor de los preceptos
cristianos católicos. Dejó un profundo vacío en comunidades como Pital,
Las Delicias, Venecia, Sarapiquí y Tambor de Alajuela, lugares donde fue
sacerdote.
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