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En memoria de una insigne educadora sancarleña |
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escrito por Gerardo Quesada
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viernes, 27 de noviembre de 2009 |
• La Niña Enid Quirós Alvarado
Por Jorge Rolando Molina G.
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La semblanza que en esta oportunidad me complace compartir con todos los amables lectores de San Carlos al día, está dedicada a una de las más egregias educadoras que tuvo el cantón de San Carlos a lo largo de su historia. Se trata de la señora Enid Quirós Viuda de Elizondo, conocida simplemente por su legión de discípulos como la Niña Enid, quien recientemente se nos ha ido de este mundo terrenal, en el umbral de los cien años que estaba próxima a cumplir. Fueron rasgos característicos de esta singular educadora, su gran temple, probada vocación docente, y un respetable principio de autoridad tan escaso en estos días. Su partida hacia la casa celestial, aconteció el pasado 19 de octubre de 2009, cuando frisaba la edad de 99 años, 6 meses y seis días, de manera que este servidor puede considerarse afortunado, por haber tenido la dicha de entrevistarla dos meses antes de su deceso, y recoger de su propio testimonio, los datos biográficos que se entregan en esta nota.
 Primera graduación de la Escuela Juan Chaves con la maestra de sexto grado Enid Quiróz Álvarez. Primera fila de izquierda a derecha: Gonzalo González Quirós, Víctor Julio Cháves, Enid Quirós Álvarez (maestra), Margot González, Hugo Chaves Villalobos y Claudio Solís. Segunda fila de izquierda a derecha: Lilly Solano, Aracelly González Quirós (Chela), Elia Piedra González, Imelda Rojas, Dinorah Sibaja Artavia, Noila Chaves Villalobos y Blanca Paniagua. Para comenzar, es preciso señalar sin regateo alguno de los tantos méritos que en vida acumuló, que la niña Enid fue en el ejercicio de su magisterio, una verdadera institución. Así lo reconocieron los que fueron sus colegas, como sus alumnos. Por la entrega fervorosa que dispensó tanto a este apostolado, bien pudo haberse hecho acreedora a la medalla del buen servidor que por tanto tiempo otorgó el Club Rotario de Costa Rica al mejor educador del país; solo que esta distinción difícilmente se reservaba para maestros de zonas rurales. Aún así, afirmo, desde mi experiencia como alumno bajo su dirección, que la niña Enid fue para nuestro medio, lo que Ema Gamboa ha representado históricamente para el pueblo ramonense. De la niña Enid siempre habremos de valorar en su tránsito por las aulas, su profunda mística y entrega por el quehacer educativo, su condición innata de liderazgo para manejar con sello de excelencia, la dirección de la Escuela Juan Chaves R., la más importante del cantón durante mucho tiempo. Además la enaltece, su principio indiscutible de autoridad y el respeto que siempre prodigó a sus compañeros de trabajo, padres de familia y amistades, detalle que contribuyó a agigantar su extraordinaria personalidad. De su nota biográfica, cabe destacar lo siguiente: fue casi la mayor de una distinguida familia oriunda de Zarcero conformada por don Ricario Quirós, doña Raquel Alvarado y nueve hijos, de los cuales sobrevivieron seis: Enid, Dora, Agustina, Carmen, José Ángel y María Julia. La niña Enid vino al mundo en el amanecer del siglo XX es decir, el día 13 de abril de 1910, veintidós días antes del trágico terremoto de mayo que devastó la ciudad de Cartago. Su escolaridad la hizo en su natal Zarcero, de manera que el arribo de la familia Quirós-Alvarado a territorio de San Carlos, debió ocurrir a inicios de la década de 1920. El debut de la niña Enid en lides magisteriales, paso que también habrían de seguir otras tres hermanas, se produjo cuando apenas tenía 15 años. Pese a su corta edad, pronto recibió el certificado de aptitud elemental que la acreditaba para la función docente. Eso ocurrió el 25 de abril de 1926. Le correspondió en ese entonces reabrir la escuela de Porvenir, pasando luego a la de La Marina para finalmente anclarse, en la Juan Chaves en donde trabajó por largos años, primero como maestra de grado y luego como Directora del plantel hasta el momento de acogerse a su pensión. Por haber empezado tan joven (mucho antes de la edad legal) se vio obligada a retrasar su jubilación cosa que ocurrió en 1958. De sus múltiples vivencias de juventud , destaca el hecho de haber formado parte del comité de organizador y recepción, que en los primeros días de noviembre de 1932, recibió con vítores al primer avión de la empresa ENTA ( Empresa Nacional de Transporte Aéreo ) piloteado por Kenneth Poe ,con lo cual se inauguraba el primer campo de aterrizaje que hubo en Villa Quesada, sito en la finca de don Leonardo Solís. En 1956, Enid contrajo matrimonio en la ciudad de Alajuela con el Lic. Adán Elizondo. Después de vivir allí un tiempo, la pareja se trasladó a la ciudad de San Ramón, en donde permaneció por más de una década, para finalmente, retornar a la cabecera de la provincia. De esta unión que duró 30 años y que se interrumpió con el fallecimiento de don Adán en abril de 1986, no hubo hijos, de modo que puede decirse que desde la década de los 80s para acá, su vida emocional se vio muy afectada por la muerte de seres queridos como su hermana Carmen en junio de 1981, la de su esposo en la fecha ya referida; la de sus otros hermanos María Julia en noviembre de 1996, Agustina en julio de 1998 , José Ángel en junio del 2006, y Dora en julio del 2009, amén de varios sobrinos. La última vez que la niña Enid estuvo de visita en Ciudad Quesada, fue precisamente para el funeral de su sobrino Carlos Enrique Solís, a principios de octubre. ¿Quién iba imaginar que 15 días después , le seguiría en este viaje sin retorno? Lo importante es que en ese momento se sintió muy feliz por saludar y ser saludada por docenas y docenas de coterráneos; incluso llegó a expresar que ya podía morir tranquila por tener la suerte de despedirse de este amado y recordado pueblo sancarleño al que tanto sirvió con dedicación y esmero. Pues bien, dicho y hecho. Hasta en este sentido, el Dios misericordioso la complació llamándola a su regazo de la manera más apacible al ser la 1:30 de la mañana de ese día 19. Fue este, el justo premio para una insigne educadora que nació y vivió de conformidad con los designios del Señor; educando a generaciones de hombres y mujeres de bien y dejando a su paso, una estela luminosa de bondad, entrega y servicio. Loas para esta brillante educadora, poseedora de una atrayente y enérgica personalidad en la que también se conjugaron otras virtudes como la sabiduría, la prudencia, el don de gente, la belleza moral y la aptitud innata para derramar sobre toda conciencia que tuvo a su cargo, frases de afecto, amor y esperanza. Descanse en paz querida y recordada maestra porque convencidos estamos de que El Supremo Creador ya la ha recompensado con gozo celestial, en virtud de sus abundantes, acertadas y desprendidas acciones terrenales. Como corolario, un reconocimiento muy especial para las personas que con solícito cariño, se ocuparon de su atención y cuido; en especial su sobrina Leticia Quirós Herrera. |
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