|
Friday, 09 February 2007 |
Gerardo Quesada Alvarado, San Carlos Al Día
La catedral de Ciudad Quesada, construida por el pueblo sancarleño, guarda imágenes vetustas y campanas de bronce que aún cuelgan en la torre a 40 metros altura. El templo tiene un sótano donde hay cuatro nichos, uno de ellos, para depositar del cuerpo el padre Eladio Sancho Cambronero, cuando muera.
A 40 metros altura, muy cerca de la cruz de la catedral, el viento es implacable, choca contra la mole de concreto y hace que a uno se le erice la piel de frío. Desde arriba luce majestuosa “la Villa” Ciudad Quesada y al sur la imponente “Montaña de Dios” que diera por nombre el padre Sancho al Parque Nacional del Agua, Juan Castro Blanco. A las tres de la tarde las nuevas campanas electrónicas repican tan fuerte que casi lo dejan a uno sordo. Unas escalerillas de metal nos llevan a las alturas.
Hasta aquí llegó la visión del padre Sancho al construir la torre, sólo separada por dos pulgadas de la otra construcción de la catedral. Son dos edificaciones distintas, hechas con el sudor y el dinero de nuestros padres y abuelos. “No hubo nada de donaciones del gobierno”, cuenta el padre Sancho, quien con los famosos turnos de ¢100 mil y con las contribuciones de los sancarleños levantaron esta majestuosa obra de la arquitectura moderna. Fue hecha con un estilo románico semigótico cuenta Sancho. Quiso combinar este arte luego de ver muchas catedrales en Europa.
En total, se hicieron 23 turnos, junto con varias subastas de ganado para poder reunir los fondos necesarios para construir la catedral.
Desde arriba luce imponente la cruz de seis metros de alto hecha de concreto. La base de la torre fue chorreada con cemento y piedra a lo largo de 22 metros por nueve metros hondos. Recorrer la catedral es encontrarse con la historia del San Carlos del ayer y el de hoy. En la torre, aún quedan las viejas campanas de bronce utilizadas con el sistema de mecánico de sonido. Recientemente fueron sustituidas por unas electrónicas programadas para repiquen cada media hora.
Más abajo, en la parte alta donde se ubica el coro, están las viejas reliquias de las imágenes de San Esteban, primer patrono de San Carlos y la de San Carlos Borrromeo, ambas hechas de madera. Esta última esculpida por el escultor Manuel María Zúñiga en los años 40. Ambas están cubiertas con bolsas plástica para evitar que la humedad las dañen. Estas imágenes tienen más de 60 años de ser parte del templo de Ciudad Quesada. El San Carlos Borromeo de madera fue sustituido por otro que es lucido en el altar. A pesar del tiempo, la imagen de San Carlos de madera conserva sus colores vivos, sólo cubiertas por una capa de polvo y algún que otro desperfecto. Durante años estas imágenes fueron sacadas del templo para pasearlas en las procesiones. Hoy, están un poco olvidadas en un rincón de la catedral. Juan Miguel Castro párroco de Ciudad Quesada dijo que esperan remozarlas para exhibirlas en Semana Santa.
Hasta el sótano
Acompañados de Rafael Sáenz Rojas, jefe de sacristía de la catedral, descendemos al sótano de la catedral a través de una compuerta de madera, no sin antes, esperar que los gases acumulados en el interior salgan. Luego de unos minutos bajamos por unas escaleras de cemento al interior que posee un tamaño aproximado de 20 metros de largo por cinco de ancho. Todo es oscuridad a tres metros profundidad. Al encenderse las luces de neón, lo primero que salta a la vista son los cuatro nichos. “Cuando se construyó la catedral yo pedí que se dejara esa parte del sótano para que me sepultaran aquí, dice el padre Sancho. Ahí esta mi campito esperándome “cuenta el visionario que inició la construcción de la catedral el 11 de mayo de 1952 y la finalizó el 12 de diciembre de 1979. Según monseñor Eladio Sancho cuando se terminó de la obra se calculó que tendría un costo de ¢8 millones, tres de los cuales, fueron dados en especie. Hoy supera los ¢1500 millones según el cura.
Otra de las particularidades de la catedral es el sagrario que según cuenta el padre Sancho, fue mandado hacer a España, costara lo que costara. Tiene un tamaño de 75 centímetros de ancho por 45 de alto y 40 de fondo, todo recubierto en oro. Pero sin duda, la imagen que más sobresale hoy es la del Cristo de la Ascensión que resalta en lo alto del altar. La obra fue hecha en fibra de vidrio por el escultor alajuelense Edgar Zúñiga, tuvo un costo de ¢80 mil, según el padre Sancho. Fue traída a finales de los años setenta y la donación corrió a cargo del finquero don Ernesto Arguello. Para traerla de Alajuela fue bastante difícil por el tamaño de siete metros de alto. Se trajo en un camión. En el viaje a Ciudad Quesada en muchas partes tuvo que pararse el tránsito para que pasara el camión. En el traslado la gente salía de las casas a admirarlo y ni qué decir cuando llegó a Ciudad Quesada, cuenta la periodista Angela Ulibarri, quien hizo un programa recientemente de “Volvamos a lo Nuestro” por Canal 14 con imágenes de la llegada del Cristo de la Ascensión.
Sepultados en los jardines
Inadvertidos por el transeúnte están las bóvedas del cura Fernando Ramírez y la de la hermana Laura Mercado Arellano, ubicadas en la zona verde del costado norte de la catedral. Lucen un poco abandonas y la basura abunda en el planché de las lápidas. El cura Ramírez murió de leucemia en enero de 1953 y fue sepultado en este lugar. Era el párroco de Ciudad Quesada, antes de que llegara el padre Sancho a principios de los cincuenta. Por su parte, la monja Laura Mercado murió en mayo 1975 y se destinó este sitio como su morada final. Trabajo mucho a favor del prójimo según cuenta Sancho.
Visitar la catedral, principal obra arquitectónica del cantón, es reencontrarse con el pasado y con el presente. Es reencontrarse una de las principales obras de padre Eladio Sancho Cambronero. Hombre visionario y luchador, cura por 30 años en el cantón. “Mi deseo es pasar mis últimos días en San Carlos. Allá pienso volver, pero no obstante quiero que se construya la casa del menor abandonado en la Tesalia. Creo que si en aquél tiempo pudimos construir la catedral con ayuda de todos los sancarleños, porque no podemos hacer ese hogar”, dice monseñor que tiene hoy 92 años de vida y vive en San José.
Torre de Catedral.
Viejas campanas de bronce.
Ciudad Quesada luce majestuosa rodeada por la montaña que el Padre Sancho, llamó “Montaña de Dios”.
San Esteban fue el primer patrono del cantón, luego sustituido por San Carlos Borromeo a la derecha. Ambas imágenes son las originales y tienen más de sesenta años.
A tres metros bajo tierra está el sótano de la catedral, donde se construyó cuatro nichos, uno es para sepultar al padre Sancho, cuando muera.
En los Jardines un poco abandonadas están las lápidas del padre Fernando Ramírez y la hermana Laura Mercado.
|
|