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De pulperías, boticas, hoteles y otros comercios |
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escrito por Gerardo Quesada
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martes, 11 de octubre de 2011 |
 Calle del comercio de Ciudad Quesada en los años 70. A principios del siglo pasado, en Ciudad Quesada, predominaban pequeñas pulperías donde se adquirían productos como: fósforos, canfín, ropa, medicinas, sal y harina. Según el historiador Alfonso Vargas, en su libro “Historia de Ciudad Quesada”, (2003), algunas personas que instalaron pulperías en los inicios en La Unión fueron: don Nicanor Quesada Quesada, don Manuel Quesada, don Teófilo Arroyo, entre otras ubicadas en distintos lugares del cantón. “Estas pulperías vendían además de abarrotes y comestibles, zapatos, ropa, canfín, licor, candelas, medicinas, cebo y tabaco, entre otros productos. Eran una especie de comisariato en donde vendían artículos de tienda abarrotes, verdulería y botiquín”. Posteriormente conforme fue desarrollándose Villa Quesada, se fueron estableciendo mejores negocios comerciales como las pulperías de don Luis María Chaves (Palillos), don Amadeo Abarca, la de don Amado Vargas (dentro del mercado) la de don Jorge Quesada, la de don German Rojas Araya (dentro del mercado). También habían boticas como las de don Darío Rodríguez, la de José (pepe) Tarragó, que luego fue propiedad de don Gilberto De la Cruz y su esposa doña Elba Malavassi, la de don Alberto Lizano que inició como boticario en Grecia, luego en Zarcero Dentro de las panaderías se destacan la de Claudio Solís que luego fue de don Inocente Hidalgo, ubicada donde hoy está la tienda Nidia, la de don Manuel Chaves, la panadería La Panchita y la de don Francisco Ugalde Rodríguez. Con respecto a librerias, sobresalía La San Bosco de don Manuel (Manuelito) Solís Bolaños y la Sarmiento de don José Rafael Solano Habían talabarterías como las de don Jesús Hidalgo, la de don Domingo Mora y la de don Arturo Castillo Las zapaterías más reconocidas eran la de don Jesús Hidalgo, la primera y que ofrecía calzado con cuero de sahíno, la de don Ramón (Moncho) Gómez y don Gonzalo (Chalo) González, la de don José Altamirano, Domingo Mora, José González y la de don Julio Hidalgo Con respecto a tiendas estaban la de don Eduardo Arroyo, la de don Víctor Nassar ubicada donde estaba el Almacén de don Inocente Hidalgo y la de Don Enrique Gutiérrez Luna, entre otras. Las cantinas más famosas eran La Maravilla, la de Tulio Rojas, la de don Aníbal Rojas, la de don Eliécer Arroyo, la de Efraín Chávez “Fincho”
 Esquina noreste del antiguo mercado de Ciudad Quesada. Hoteles y fondas
Se destacaba la fonda María Patricia ubicada donde hoy se encuentra la sede urbana de Coocique(frente al mercado), la fonda de doña Amanda Álvarez de Ugalde, El hotel de don Víctor Murillo, el de don Juan López en el mercado, el de don Porfirio Rojas, La Riviera, el de Patilla, La Pensión San Cayetano y la posada de doña Julia González. “Una mención aparte merece el hotel de don Porfirio, el cual fue construido en el año 1941, utilizando excelentes maderas. Este hotel era de tres pisos y tenía capacidad para 35 camas. Sirvió durante muchos años como hospedaje para personas que visitaban San Carlos, principalmente agentes y para gente de la bajura que pernoctaba en Villa Quesada. Según el libro de Alfonso Vargas, don Jesús Hidalgo Quesada anota en su monografía (1942), que el cine en San Carlos se inició en 1910 con películas de cine mudo y se proyectaban en galerón que servía de mercado, luego, en 1915, se estableció una sociedad para traer películas a caballo, desde Alajuela y a los dos años fracasó. Luego, don Jesús Quirós, vecino de Zarcero llegaba todas las semanas a proyectar películas, pero no duró muchos años su negocio. Las primeras salas de cine acondicionadas para ese fin fueron la del cine Rex (propiedad de los hermanos Hidalgo Rojas) y la del Cine Sauma (don Fued Sauma) en donde por muchas décadas se dieron películas. Las primeras carnicerías fueron la de don Raúl Hidalgo y la de don Lalo Ruiz. La primera bomba de combustible fue establecida en la parada de buses propiedad de don Juan Ferraro. La segunda fue la llamada Bomba 76 propiedad de don Eduardo Arroyo Lovell y que era atendida por su hijo Chale Arroyo Ramírez. Con respecto a las ferreterías se destacaron la de don Inocente Hidalgo y la segunda fue la de don José Núñez. La barberias más importante eran la de don Ricardo González, la de Carlos González “animalito” y la de don Alexis Arce.
 El Hotel Porfirio Rojas durante años fue uno de los principales hoteles del cantón. |
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