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Con los pies en el suelo y la mirada en el horizonte |
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Tuesday, 05 August 2008 |
• Los boyeros de Venecia
Heriberto Valverde Castro Periodista
“Mi nombre original era Jesús, pero resulta que siendo todavía muy chiquillo a mi mama se le ocurrió ofrecerme a la Virgen del Carmen, y me encaramó el hábito, una batona café que solo me dejaba afuera las patillas peladas. Para peores, yo tenía una colochera rubia que me llegaba hasta los hombros. Digo para peores porque un bendito domingo, a la salida de misa, se arrimó una condenada vieja donde mi mama y le dijo: ¡Ay qué chiquita tan linda, póngale Carmen! Mi mama le aclaró que era un chiquito y que se llamaba Jesús, pero la condenada vieja insistió. No no no, póngale Carmen, es más bonito. Y vaya usted a saber por qué, mi mama le hizo caso a la vieja entrometida y Carmen me quedé para siempre. Lo más que pude conseguir, cuando fui al Registro a sacar la cédula, fue que el carajo que me atendió me hiciera el favor de poner ahí en el papel, conocido como Carmelo. Pero diay eso de qué vale, en el Seguro soy Carmen, en el Banco soy Carmen, en todo lado llaman a doña Carmen Fernández y aparezco yo ahí, peludo y con sombrero, levantando la mano, qué voy a hacer, ya lo que hago es reírme. Si vieran la que me pasó un día aquí en la Clínica de Venecia ...”
 Venecia fue fundada a inicios del siglo XX, por colonos meseteños. El templo católico es un símbolo de la espiritualidad y el empeño de sus habitantes. La casa de don Carmelo Fernández y doña Catalina Cartín, en el centro del pueblo, es un acogedor rincón. “Aquí viene todo mundo a reunirse”, dice complacida la anfitriona. Uno de los grupos que la tiene por sede es la Asociación de boyeros de Venecia.
La Asociación
Su presidente es don Wilfrido Rodríguez, don Fido, como se conoce a este sancarleño emprendedor y visionario, con quien conversamos mientras recorríamos el terreno adquirido por el grupo con el fin de construir allí el Museo. Serio pero puntilloso, don Fido nos va soltando poco a poco la información referente a la Asociación, su historia, sus logros más importantes y sobre todo el gran reto que tienen por delante, hacer una realidad el Ecomuseo del boyero, y de eso, como primer paso, el pago de la deuda adquirida por la compra del terreno. Un hombre de sus quilates no dormirá tranquilo hasta que hayan honrado dicha deuda.
 Miguel Estrada. Otro boyero veneciano de larga trayectoria. A la edad de 15 años hizo su primer viaje con bueyes a Ciudad Quesada. Su hermano mayor, Juan Félix, jaló cemento en carreta desde Alajuela para la construcción del puente sobre el río Toro. Según nos cuenta don Fido, la Asociación de boyeros de Venecia inició sus labores en 1985, con el nombre de “Asociación de boyeros y la cultura de Venecia”, pero debieron cambiarle el nombre e inscribirla con el de “Asociación pro Ecomuseo la Casa del Boyero”. “Para la Asociación fue muy importante ponerse en orden y obtener la cédula jurídica hace como un año. Otro logro fue conseguir que la Municipalidad de San Carlos aprobara tres iniciativas del grupo: la declaratoria de Venecia como la ciudad sancarleña cuna de la veneración de la carreta. Es sabido que toda Costa Rica tuvo, en los bueyes y la carreta, instrumentos fundamentales de su desarrollo, pero en el caso de esta región esa realidad es más cercana y hasta más profunda; la declaratoria del árbol de corteza amarillo como árbol regional de San Carlos, con lo cual se quiere llamar la atención sobre el tema de la deforestación en la zona; y por último, la declaratoria del puente sobre el río Toro como patrimonio arquitectónico del cantón. Construcción hecha a pico y pala por nuestros padres, tíos y hermanos mayores, que nos unió a Río Cuarto y a Vara Blanca en los años veinte del siglo pasado.”
El ecomuseo del boyero
Ligado al primero de los logros citados, el de la carreta, está el gran proyecto de la Asociación, el Ecomuseo la Casa del Boyero. Este proyecto ha sido pensado de manera integral, teniendo como inspiración la proclama de la UNESCO, de noviembre de 2005, mediante la cual se declaró al boyeo -boyero, bueyes y carreta- Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
 Gerardo Fernández luce orgulloso su yunta. Él es uno de los más entusiastas promotores del boyeo en Venecia. La iniciativa del Ecomuseo pretende, además de darle seguimiento a ese honor concedido al país, convertirse en un lugar para los boyeros, para que recuerden el pasado, disfruten el presente, pero sobre todo para que proyecten su entidad hacia el futuro, asegurando la sostenibilidad de esta herencia nacional. “Pero necesitamos que nos metan el hombro”, insiste don Fido, “porque tenemos que pagar puntualmente, cada mes, un millón y medio de colones por el terreno, y por otro lado buscar la plata para desarrollar el proyecto. Así que bienvenidas todas las ayudas.”
 El Museo “Casa del boyero” será construido en un terreno de casi tres hectáreas que adquirió la Asociación. Wilfrido Rodríguez, Carmen Ulate y Jorge Tacsan, miembros de la directiva, buscan apoyo para atender la deuda generada por dicha compra y poder concretar el proyecto. Y a propósito de deudas, les debíamos la historia de lo que le pasó a don Carmelo Fernández en la Clínica de Venecia. Aquí está: “En esos días me había estado molestando un dolorcillo de cintura que no me dejaba volar pala tranquilo. Ya el viernes no aguanté y me fui a la clínica, entregué los papeles y me fui a sentar, a esperar. Yo vi que en la banca había solo mujeres y la mayoría panzonas, pero tampoco era nada de extrañarse. Ahí estaba conversando con una conocida, de allá del barrio San Martín, cuando se asoma una muchacha y dice a todo galillo: “Doña Carmen Fernández, pase por favor”. Como ya yo sé cómo es la cosa, me levanté y me fui al consultorio. Con el rabo del ojo yo vi que las mujeres se volvían a ver y se sonreían. Pero como ya estoy acostumbrado a eso seguí y me metí al cuartillo donde estaba el doctor. “Vieras visto la cara que puso el médico cuando me vio entrar. Yo hice el envite a explicarle todo el enredo de mi nombre, lo del hábito del Carmen y de la vieja entrometida, pero él me paró en seco _¡Oiga!, ¿qué hace usted aquí?, esto es una atención especial para embarazadas, ¿su señora está embarazada?_. No no, ni Dios quiera, ya tenemos una marimba de quince; y con la misma me devolví a buscar mis papeles y de ahí para la casa; hasta el dolor de cintura se me quitó, seguro era pura sinvergüenzada, ¿vos qué crees?” |
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