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escrito por Gerardo Quesada
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miércoles, 21 de diciembre de 2011 |
• Luis Ramón Carranza Cascante
El gobierno de Costa Rica amparado en un decreto de emergencia y de defensa de la soberanía, construye una carretera de 160 kilómetros a orillas del río San Juan. La nueva vía se extiende, desde el Delta Costa Rica, en la desembocadura del Río Colorado, hasta el cantón de Los Chiles. También se habilitaron 330 km de accesos, para que desde siete puntos diferentes, se pueda comunicar a las comunidades de la zona, con la que han denominado la carretera Dignidad. El Gobierno ha justificado la construcción, para llevar desarrollo a la zona fronteriza, incrementar los controles de seguridad, combatir el narcotráfico, la migración ilegal y posibles nuevas invasiones de la vecina Nicaragua. Recientemente, un recurso de amparo que acogió la Sala IV, en el cual se cuestiona la viabilidad ambiental y la ausencia de accesos para personas con discapacidad, intenta paralizar la obra. Esto llena de asombro a los vecinos y a los costarricenses que no dudamos, en una inmensa mayoría, apoyamos su construcción. Esta nueva carretera, es la medida perfecta para garantizar la protección de nuestro territorio y dar los instrumentos básicos a los pobladores para que desarrollen esa zona, que por décadas ha presentado la realidad de la otra Costa Rica. La afectación del ambiente, ni siquiera hay que entrar a discutirlo, es una realidad que árboles, ríos y algunos humedales, se afectaron con el paso de la ruta. Pero esto, sí podemos asegurar que es de interés público y conveniencia nacional. Es muy fácil y hasta ridículo, este recurso que dice que hay una afectación del ambiente y hay ausencia de accesos para personas con discapacidad. Estos ambientalistas o defensores de las personas con discapacidad, ¿se han preocupado por los pobladores que antes tenían como única salida el Río San Juan?. ¿Cuál vía en este país no ha afectado el ambiente a su paso? O es que ellos, bien sentados en sus oficinas en la Capital, quieren que estas 2500 familias beneficiadas y esas 27 comunidades enlazadas por la nueva ruta, se sigan sacrificando en pro de nuestras comodidades en los centros urbanos. Luchemos por medidas compensatorias, para paliar el daño que provoca el desarrollo, pero no seamos mezquinos al pretender condenar a estas familias y a nuestras autoridades, a vivir y trabajar en condiciones infrahumanas, por caprichos o tecnicismos que son obviados, cuando la Seguridad Nacional y el interés de la colectividad están primero. Por accidente o por mandamiento Divino, el conflicto llegó como la verdadera salida para las comunidades fronterizas que clamaban por oportunidades de desarrollo. La nueva carretera, la habilitación de 330 kilómetros de rutas que se comunican con el nuevo trazado y la electricidad, a lo largo de esos pueblos fronterizos, permitirán que el desarrollo brote como semillas en mayo y como lo han hecho todos los pueblos de la Región, cuando las carreteras, la electricidad y el agua potable se le ponen a su disposición. Basta de decir no a todo aquello que genere desarrollo, debemos asumir la protección del ambiente como una forma de garantizarnos el futuro, pero más que esa carretera, las luchas deben darse en nuestros centros urbanos, donde se construyen miles de casas, industrias, botaderos de desechos y verdaderas fuentes de contaminación, donde muchos de estos seudoambientalístas, son copartícipes y pareciera no les importa. Viva Costa Rica y adelante con la Carretera de la Dignidad y el desarrollo, que diciembre del 2011 será recordado por los habitantes de la Costa Rica de la Frontera Norte, como el mes, donde el niño Jesús, aprovechando un conflicto, les envió el mejor regalo que es la oportunidad de desarrollarse. |
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