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escrito por Gerardo Quesada
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martes, 30 de agosto de 2011 |
El 14 de agosto se realizó en el país una particular manifestación denominada ‘‘La Marcha de las Putas’’, Se unieron a ellas, otros grupos minoritarios que claman por derechos en el país, y en su manifestación frente a La Catedral Metropolitana, la emprendieron contra la Iglesia Católica, a la que incluso insinuaron ponerla arder en llamas como única forma de iluminar. La manifestación como tal, demostró que en una democracia cada quien puede pensar lo que quiera y sano es saber respetar las distintas formas de pensamiento u orientaciones de las personas, aunque la mayoría no las compartamos. Sin embargo, lo que sí es repudiable y debemos denunciar, es cómo estos grupos minoritarios se atreven a desafiar a las mayorías, profanando imágenes sagradas y hasta amenazando con quemar La Catedral, porque ellos no pueden respetar la Doctrina Cristiana y la defensa que sus líderes religiosos hacen de ella. La marcha fue, sin duda, un reflejo de lo que los manifestantes llevan dentro. No les juzgamos, ni les reprochamos por lo que son. Pero lejos de ser una manifestación por dignificar la mujer, por hacer respetar sus derechos y por decir no a la violencia. Fueron ellas las que incitaron a la violencia, las que invitaron a seguir el rumbo de Las Putas, que por sus consignas y reclamos, pareciera ser sin valores, sin respeto, ni tolerancia a un llamado de los Obispos, que en nuestro criterio, lejos de ofender la dignidad de la mujer, busca evitar que se le utilice como objeto sexual. Estamos seguros que la inmensa mayoría de las mujeres no se sintieron ofendidas. No son ellas las que salen en las portadas de periódicos y revistas semidesnudas, no son ellas las que se tiran a la calle con mucho cuerpo y poquísima ropa. Basta del silencio complaciente. ¿No son las mujeres semidesnudas en la calle, una agresión psicológica, para los hombres adolescentes en plena pubertad? Y no estamos hablando de una falda corta o un escote, hablamos de semidesnudos en plena vía pública. Así, que el llamado de los Obispos en nuestro criterio no está mal y aún más, cuando se trata de un mensaje, amparado a los principios cristianos. Costa Rica y nuestra sociedad se nos va de las manos, pareciera que hoy no solo debemos respetar a las minorías, sino que debemos aceptar que profanen nuestros templos, nuestras imágenes y pisoteen nuestras creencias y valores, simplemente porque algunos, ya no comparten nuestra forma de ver la vida. Nuestro llamado es al respeto de las putas, de los homosexuales y lesbianas,a un no rotundo a cualquier tipo de violencia contra ellas y ellos, pero no debemos doblegarnos en nuestros valores cristianos, en nuestras creencias y en la lucha por defender y hacer respetar lo nuestro. Si consideramos que nuestro rumbo tiene sentido, no debemos cambiar, con nuestro ejemplo de vida, hagamos que por su voluntad, sigan el nuestro. |