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Editorial Noviembre 2009 PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gerardo Quesada   
viernes, 27 de noviembre de 2009
• El norte del Norte

    El último informe del Estado de La Nación, revela un crecimiento en los índices de pobreza en Costa Rica, el ensanchamiento   entre un grupo económico que quintuplica sus riquezas y un sector  mayoritario de la población, que ve cómo cada día debe despojarse de las comodidades de sus antecesores, para vivir con lo básico o incluso limitar el acceso a la alimentación y otros servicios.
    Para  ese grupo reducido, que no sólo controla bancos privados, salud,  educación y otros “grandes negocios”, eso es normal y ventajoso.  La economía del país en términos macroeconómicos parece saludable, pero la realidad es que en forma acelerada sentimos como perdemos la Costa Rica  solidaria, para convertirnos en un país de  trabajadores o piezas de ajedrez de un modelo, que está hecho a la medida de ese grupo económico y político.
    Leer un comentario del expresidente del Banco Central Jorge Guardia, en el periódico La Nación es escalofriante, cuando se refiere a  Luis Liberman candidato a vicepresidencia de la república. Pero  deja al desnudo, una casta política económica que  mientras el pueblo se empobrece, ellos, cambiaron sus vehículos por  aviones privados.
    En  una parte de su comentario dice don Jorge Guardia: “Una generación de banqueritos criollos agremiados, influyentes y bien conectados con los partidos políticos, caracterizados por cabildear a favor de los grandes intereses de su gremio. Lograron aprobar leyes, decretos y políticas económicas que los beneficiaron en cantidades muy grandes, tan grandes, que nadie las ha podido cuantificar. Amasaron fortunas.    
    Lograron que les rebajaran los encajes bancarios en ciertos períodos para poder prestar y lucrar más, obligando al Banco Central a absorber esos recursos e incurrir en pérdidas y afectar la inflación, que castiga a los más pobres. Lucraron con los bajos impuestos de renta a los intereses (8%) mientras que los demás mortales, incluyendo asalariados, pagaban tasas mucho más elevadas, del 15%, 25% y hasta un 30%, y pueden deducir los intereses de préstamos obtenidos de bancos del exterior (offshores), pero sin pagar impuestos por los intereses del exterior.”
    Si este reconocido y respetado economista, no es  condenado por semejantes afirmaciones con nombre y apellido, hemos llegado directamente a la cueva de uno de los grupos  responsables, de que el pueblo costarricense se empobrezca.
     En medio de esta realidad científicamente probada,  tenemos a nuestra Región Huetar Norte.  En la historia de Costa Rica, ha sido un modelo de desarrollo económico  y social. Llegaron hombres y mujeres propietarios y  muy pocos proletarios, el desarrollo de la empresa privada floreció y tumbó semillas  por el norte que aún hoy siguen germinando.
    Más tarde llegó el cooperativismo, su época de oro se hace sentir en la década de los sesenta, de él nacieron empresas exitosas como Coopelesca, Dos Pinos y Coocique. Así  también triunfó  la tenencia de tierras en manos de miles de pequeños y medianos agricultores, impulsada por el modelo de ese entonces, que  se expresaba por medio del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA).
    El norte del Norte, dice que la máxima de un trabajador siempre será  ser empresario, dar trabajo. En otras regiones del país,  puede ser convertirse en jefe del sindicato, o armarse de artimañas para tener una pensión de lujo. El modelo económico al que se refiere el Estado de La Nación y el que solo piensa en la inversión extranjera y las transnacionales, en menosprecio de la micro, pequeña y mediana empresa, educa para trabajar, pero no para formar empresarios, lo que permite el crecimiento, más no el desarrollo.
    El desafío de los norteños está en no rendirse ante  este modelo, debemos participar activamente con los instrumentos que aún tenemos para  ofrecer oportunidades al mundo,  el turismo, el campo agropecuario, el comercio y la industria, debe  tener como actores principales a  nuestra gente, sin despreciar  a unos pocos inversionistas extranjeros. Los políticos locales deben ser visionarios, respetar la herencia de nuestros  abuelos, que supieron superar los obstáculos, que pudieron realizarse siendo pequeños, medianos o grandes empresarios, pero nunca entregaron sus tierras o sus negocios  por unos millones, para luego convertirse en peones de sus mismas empresas.
    Debemos ser combativos contra políticas y políticos que por serviles o  actores de negocios millonarios, le venden el alma al diablo para llenar los bolsillos de unos pocos, en detrimento de nuestra región y su futuro. Que Dios nos ilumine a la hora de votar en las próximas elecciones.
 
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