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escrito por Gerardo Quesada
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miércoles, 13 de mayo de 2009 |
• Queremos conocer su vida pública y privada
Al acercarse los procesos electorales, la caza de votos se inició. Surgen hombres y mujeres que piden el apoyo de los ciudadanos para ocupar puestos públicos, sea en la Asamblea Legislativa, el Poder Ejecutivo o las municipalidades. En los últimos años, la clase política se ha desacreditado por los constantes casos de corrupción en todos los poderes de la república. Eso hace, que muchos electores no salgan a las urnas y que otros mediten más el voto. Para los comicios del próximo año, necesariamente, la actitud de los electores debe cambiar, no más votos en línea, cuando alguno de los aspirantes no haya demostrado un apego a los valores morales y cristianos. Debemos ser radicales en la escogencia de hombres y mujeres de bien y para ello, será necesario analizar su pasado y presente, en la vida pública y privada. Tenemos que aplicar aquellas trilladas frases de nuestros padres y abuelos Dime con quien andas y te diré quien eres¨o aquella si el río suena piedras trae¨. Es que somos los electores, los únicos responsables de que gente deshonesta llegue a la función pública. Recordemos, cómo los cuestionamientos de la vida privada, ayudaron a llevar a la presidencia a por lo menos dos candidatos. (caso Chemise y caso deudas con Montecillos). Cómo el pobrecito y el choricero, ganaron terreno por encima de la honorabilidad y transparencia que debe tener un aspirante, a cualquier puesto público. No más despilfarros con dineros públicos, no más pagos de asesorías, no más almuerzos, no más ministros durmiendo en tugurios para luego hacer fiesta con dineros de los pobres, no más concesiones aprovechándose de los cargos públicos y no más superávit en las instituciones de bien social, mientras la pobreza aumenta. Antes de votar, necesitamos saber cuál es el concepto de familia que se tiene, en qué tipo de negocios participa y cuáles son los valores, de los que da testimonio con su vida. Hay grupos que quieren participación en instancias de poder por ser homosexuales, por ser del grupo de los caras pintadas, los camisas negras o blancas y a esos como grupos, no debe dárseles espacio en la política. A los cargos públicos, deben llegar hombres y mujeres de gran solvencia moral, que sin importar sus preferencias, hayan demostrado ser personas de bien y que tengan un espíritu de servicio que favorezca las mayorías. Aquel político que se deja sobornar en campaña, también será sujeto de soborno en el ejercicio del poder y los electores debemos estar atentos para conocer su comportamiento, ante las presiones de estos grupos y nunca premiarlos con el voto. Hagamos uso del sagrado derecho a elegir, no simplemente votar, sin importar las consecuencias de ese voto. |