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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 28 de abril de 2011 |
• Bonito el Estadio Nacional pero nefasto el mensaje.
Los últimos días de marzo y los primeros días de abril del 2011, Costa Rica entera vivió la inauguración del Estadio Nacional, donado y construido por el Gobierno de la República Popular China, como parte del pago por la apertura de las relaciones diplomáticas con ese país asiático y la ruptura con Taiwán, archirrival al que China considera parte de su territorio. La majestuosidad del escenario, se combinó durante varios días con la llegada de astros del futbol mundial (aunque no jugaran), artistas de corte internacional, boxeo, presentaciones culturales y en fin, actividades que reunieron en esa joya chinotica, a miles de costarricenses. No cabe duda que una obra de más de cien millones de dólares es un gran regalo para nosotros los ticos. Además de la donación, el gobierno chino nos dio una lección de puntualidad, eficiencia, trabajo y diseño arquitectónico. ¿Cuánto nos deseamos a esos chinos construyendo carreteras, puentes, proyectos hidroeléctricos y otras obras en las que los nuestros, tardan décadas y aún no se concluyen? Capitalizados esos valores del pueblo chino, de los que igual podríamos hacer un libro también, entramos a analizar otros mensajes no tan positivos que trae este regalo y las relaciones con el Gigante Asiático. China, con más de 1300 millones de habitantes, es un país donde la pobreza extrema, es la sombra eterna de millones de ciudadanos. Es el país dominado por un régimen que ha sabido combinar a conveniencia de un grupo político, el comunismo con el capitalismo y a criterio de sus detractores, se han levantado rascacielos y la tercera economía del mundo, sobre las espaldas de millones de chinos y la injusticia social contra la mayoría de los habitantes. Es además, el país denunciado en pleno siglo veintiuno por la práctica de la esclavitud, la violación a los derechos humanos y la opresión de todos aquellos que piensen diferente al régimen. Liu Xiaobo, declarado premio Nobel de la paz 2010, es ejemplo de la opresión, actualmente está en la cárcel condenado a once años, por ser un activista en contra de la violación de los derechos humanos en China. Esa otra realidad nos lleva a cuestionarnos ¿Por qué Costa Rica y el Nobel de la Paz costarricense, da la espalda a Taiwán y se entrega al gobierno chino?. ¿Cuál es el mensaje que se está vendiendo al pueblo costarricense, cuando de asociarse con otros individuos o grupos de ellos se trata?. En nuestro criterio el mensaje es claro. Si hay plata de por medio, amigo y aliado es aquel que me genere más recursos, aquel que tenga mucho más, para que me regale todo, a cambio de mi ‘‘amistad’. La ética como nación y como personas no vale, los valores, la democracia, los derechos humanos y otros pilares del ser costarricense, pasaron a ser un modelo retrógrado y de los ‘‘caracoles’’. Bajo este nuevo esquema para aliarse y negociar, encontrarían la justificación los miles de costarricenses que hoy sustentan grandes capitales a costas del lavado de dinero, producto del narcotráfico. En el campo político, aquellos que lamen las sandalias de ‘’líderes políticos’’ para que los coloquen en puestos de poder ya sea en el Ejecutivo, Legislativo o el Poder Judicial. Desde esta perspectiva sentimos que el mensaje es nefasto, para las generaciones jóvenes, de hombres y mujeres costarricenses. Con la globalización nació y se popularizó el término de bienes mercantiles, es decir, aquellos que están sujetos al juego de la oferta y la demanda, en principio pensamos que eran únicamente los productos, pero luego vimos que también se mercantilizaron los servicios y hoy sentimos vergüenza porque nuestros políticos, transformaron en un bien mercantil nuestros valores y nuestro sistema democrático. Dios nos ilumine, para que como individuos, como familias y como sociedad, podamos filtrar este mensaje directo que nos han dado y lo tiremos a la basura. Continuemos anteponiendo los valores para hacer un negocio, para escoger los grupos o personas con las que nos vamos asociar y para educar a nuestros hijos e hijas. |
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