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Editorial Marzo 2010 PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gerardo Quesada   
jueves, 25 de marzo de 2010
• Héroes del ambiente

    El Tribunal Contencioso Administrativo  del segundo Circuito Judicial de  San José, representado por los jueces, Francisco Jiménez Villegas, Isaac Amador Hernández y Carlos E. Espinoza Rojas, declararon el 26 de febrero que  las siete mil hectáreas del Parque del Agua Juan Castro Blanco y que reclamaba  Mario Saborío Valverde y otros  como suyas,  continuarán  como propiedad del Estado Costarricense.
    La resolución, pone fin a la incertidumbre con esas tierras que, en criterio  de la Asociación APANAJUCA una de las principales defensoras del Parque,  pretendían adquirirlas en forma irregular, una, o un grupo de personas.
    Recuperar esas tierras,  es un beneficio para los habitantes de la Región Huetar Norte que tiene muchos actores, algunos de ellos iniciaron con las denuncias verbales, otros  se organizaron como es el caso de la Asociación para la Protección del Parque Juan Castro Blanco APANAJUCA  y algunos convirtieron la lucha en su caso principal, como es el joven profesional en derecho, Douglas Murillo Murillo. El fue quien, al final con el apoyo de APANAJUCA, aportó  todos los  criterios legales para que el Estado recuperara esas tierras.
    Queremos destacar el caso de Douglas, porque siendo un joven,  que apenas se graduaba como profesional en derecho, dedicó tiempo y recursos para una larga lucha  que al final, Dios y los instrumentos legales le premian, a poder devolverle a la Región y el país, esos terrenos valorados en miles de millones de colones.
    En Douglas Murillo podemos encontrar a un verdadero ambientalista. Primero por herencia, porque sus padres Carlos Murillo y María Eugenia Murillo, históricamente han  levantado la bandera del ambiente en esta zona y en segundo lugar  por convicción, porque estas luchas desgastantes donde los intereses vienen  y van, solo ese amor por el Parque y su significado  para  la colectividad, pudo alimentarlo para no desmayar.
    Nuestro reconocimiento a este joven sancarleño, Dios y la Patria se lo  premiarán  por esa lucha y,  sin duda alguna, es  un buen ejemplo para muchos profesionales que  hoy se benefician de la zona, pero que poco aportan en los intereses colectivos.
    El Parque del Agua, la Montaña Sagrada requiere más luchas similares a las de APANAJUCA y Douglas Murillo.  Hoy mismo, en este medio, denunciamos cómo el mal manejo de  actividades productivas  y la falta de conciencia de muchos finqueros atenta contra esa esponja que calma la sed de miles de personas, que con sus aguas mueve turbinas para la producción de energía, alimenta sembradíos y la ganadería de leche y carne se  posiciona en los primeros lugares del país.
    No queremos acusar a nadie, pero sí les motivamos para  que hagamos una autoevaluación como personas, como empresas y como comunidades para  ver cuánto nos beneficiamos de las aguas que brotan de las entrañas de esa  montaña y cuánto aportamos en lo económico para  hacer de ese parque una Montaña Sagrada.
    Aplaudimos la actitud de Coopelesca y su asamblea de asociados que  aprobó  el aporte de 200 colones mensuales por cada asociado para la compra de más de mil hectáreas en territorio del Parque, con el único fin de dedicarlo a la conservación. Aunque un aporte más pequeño, ya Coocique también aporta recursos para un fideicomiso destinado a comprar tierras, también lo hace en la zona Alfaro Ruiz AFAAMAR una organización sin fines de lucro que ha comprado más de  seiscientas hectáreas. Falta  escuchar las acciones de Dos Pinos, de las empresas hidroeléctricas privadas  y otras grandes empresas de la zona, que se benefician de las aguas de esas montañas.
    El Parque del Agua es nuestro, él vio  llegar a los primeros colones, alimentó a nuestros abuelos y bisabuelos, nos nutre hoy a nosotros y lo hará  con nuestras futuras generaciones, si al igual que Douglas,  no solo miramos hacia arriba para contemplar sus bellezas, si no que  actuamos con fuerza  y dinero para  hacerlo realidad.
    Estamos convencidos de que sí podemos hacerlo  realidad, si no actuamos con mezquindad y  aportamos de acuerdo a nuestras posibilidades para la compra de tierras, no más palabras románticas, el Parque tiene dueños legítimos y no saldrán de ahí si no pagamos lo que valen esos terrenos. De  momento  tenemos  siete mil hectáreas seguras  y  héroes del ambiente a quienes reconocerles su trabajo.
 
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