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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 05 de febrero de 2009 |
• Cuando el dolor es ajeno
Cuando apenas despertaba el 2009,el dolor, la tragedia y la muerte, inundaron comunidades de la provincia de Heredia y Alajuela, un sismo de 6.2 terminó con la vida de muchos pobladores, los negocios, las vías de comunicación y los sueños e ilusiones de cientos de familias. Comunidades como Bara Blanca, Cinchona, La Paz y los Cartagos quedaron incomunicadas, familias a quienes la tierra les daba de comer, de repente les quitó todo: padres, madres, hijos, hijas, casas, negocios, Que ingrata la naturaleza, semejante desplante de poder nos dejó callados y confundidos. Cientos de afectados que hoy no saben que hacer, o cómo enfrentar el futuro, con el dolor a cuestas y las manos bacías. Su fuerza deja claro que somos simples huéspedes que podemos ser expulsados en cualquier momento. Esta tragedia nos deja varias enseñanzas. La primera es que ante el poder de la naturaleza poco podemos hacer, la segunda que el desarrollo sin planificación puede convertirse en arma de doble filo ,cuando invadimos espacios que la naturaleza guarda para ella y la tercera ser solidarios y sentir el dolor ajeno . Recordamos aquella frase muy común de nuestros padres: “Nadie escarmienta por cabeza ajena”. El dolor, la angustia y la incertidumbre que dejó esta acción de la naturaleza debe llamar la atención a muchos empresarios de la zona y el país. La Fortuna es un ejemplo, donde por dinero muchos empresarios desafían la naturaleza y se exponen a la acción del coloso. Pero este pasaje triste de la historia costarricense, nos deja cosas positivas: La solidaridad y la unidad de un pueblo para socorrer a las familias, las maratónicas, las personas que dejaron sus ocupaciones para ayudar a las víctimas, el respaldo de la empresa privada, la ayuda de naciones amigas el mensaje claro que nos da la naturaleza de que debemos respetarle. Difícil es sentir el dolor cuando no se es víctima, pero muchos lo lograron y otros al menos se solidarizaron dieron recursos económicos, comida, ropa y lo más importante se planifica el respaldo futuro de hombres, mujeres, niños y niñas que sufrieron la catástrofe. Necesitamos capitalizar en lo positivo y lo negativo este dolor, no podemos quedarnos como espectadores o simples contribuyentes para mitigar la angustia y desesperación de esas familias. En lo positivo saber que Costa Rica puede ser solidaria, que la empresa privada y cada individuo pueden hacer su aporte para aliviar el dolor y la pobreza de muchas familias que viven día con día una catástrofe, por falta de recursos, reflexionar sobre el trato que damos a la madre naturaleza, sobre la calidad de las construcciones, la escogencia de sitios para construir y en general nos enseña a ser mas precavidos. Lo negativo es ver que mientras la angustia, el dolor y la incertidumbre abrazan a cientos de personas, hay algunos pocos que tratan de hacer su negocio. Aquellos que cobraron sobreprecios para sacar turistas en helicópteros, periodistas que se bajaron en helicópteros a tratar de entrevistar a personas que lo único que necesitaban era salir del lugar y luego volaron a contar la historia y hampones que se dedicaron a robar de las casas abandonadas por la tragedia. A esos no queremos recordarlos, mejor concentrémonos a ser solidarios a seguir aportando para que estas familias puedan recuperarse y tratar de volver a la normalidad en medio del dolor. Que Dios nos ayude y nos bendiga. |