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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 27 de enero de 2011 |
• Es tiempo de meditar…
El 26 de setiembre de este año, San Carlos celebra cien años de haberse convertido en el cantón número diez de la provincia de Alajuela, para entonces con solo 2279 habitantes, menos de la población estipulada por la ley, que era de tres mil habitantes, y con solo cuatro distritos: Buena Vista, Villa Quesada, Florencia y Aguas Zarcas. Somos en realidad muy jóvenes, en 1850 este territorio era un misterio para los habitantes de la Meseta Central y es hasta 1884 cuando llegan los primeros colonos a lo que hoy es Ciudad Quesada. En 1911 se convierte en cantón, con un territorio más grande que provincias como la de Cartago o Heredia, gracias al empuje de los pobladores de ese entonces, y a la visión de los dirigentes políticos del cantón de Naranjo, que accedieron para permitir que este distrito, se convirtiera en cantón. Cien años en la historia son pocos, pero es un tiempo prudencial para analizar lo alcanzado, el lugar que ocupamos y los retos para las próximas diez décadas. Emerger de la tierra, por prodigiosa que ésta sea, no es fácil. Los primeros habitantes del cantón lo lograron, sustituyeron millones de árboles por sueños, por esperanzas, por hijos e hijas que, cual retoño de ceiba, corteza o almendro, soportaron las inclemencias del clima, las enfermedades y los enemigos naturales de entonces. Dominaron este gigante norteño, que se resistía a la colonización y los cambios. Esa primera generación de colonos cumplió sus metas; abrieron trochas, cultivaron, sacaron de la tierra el sustento para sus familias e iniciaron la venta de los excedentes a los pobladores de la Meseta, la segunda generación continuó ese crecimiento y asumió el reto de tomar las riendas políticas para crear un cantón y ver más allá de su cerco, soñaron con una región con vida propia. Ellos también lo lograron y así nacieron escuelas, se encendieron los primeros bombillos, se desarrolló el comercio y se abrieron caminos, la tercera generación hizo lo suyo, logró unirse para desarrollar obras públicas, dieron origen a grandes instituciones locales como Dos Pinos, Coopelesca, Coocique y construyeron obras monumentales como la Catedral. Hoy, cuando estamos prestos a celebrar el centenario, nos corresponde analizar el papel de esta generación de dirigentes comunales, políticos, religiosos y en general, de todos los actores sociales y económicos que aquí convergen. Debemos darnos cuenta si, al igual que las generaciones pasadas, hacemos algo diferente que proyecte esta zona con éxito al futuro, o si, simplemente vivimos de la acción de nuestros padres y abuelos. No queremos ser injustos, pero dejamos de tarea para los meses próximos, analizar, ¿Cuáles son las grandes obras de esta generación de los que cumplen 50 años?, ¿Qué le han dejado a esta tierra con sus acciones y decisiones? ¿Qué gran proyecto, qué decisión política, qué acción de la dirigencia comunal, de grupos religiosos de cualquier credo y en general, como conjunto de actores de desarrollo?, ¿Qué proponemos para mantener un cantón progresando con verdadera justicia social y amparados a ese espíritu empresarial y propositivo que distinguió a nuestros pioneros? Dios quiera que para el 26 de setiembre próximo, cuando celebremos nuestro centenario, nos ayuden a ver esas obras, proyectos e iniciativas de nuestros líderes que nos alumbren el camino de prosperidad que en ocasiones vemos perderse, en medio del individualismo, los problemas sociales y la falta de compromiso y honestidad. |
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