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escrito por Gerardo Quesada
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jueves, 20 de enero de 2011 |
• Hora de actuar en las comunidades fronterizas
La resolución del Tribunal Contencioso Administrativo, que anula la concesión para la extracción de oro a la empresa Industrias Infinito en Cutris, sumado a la invasión de la Isla Calero por parte del ejército de Nicaragua, ha puesto en boca de todos, las comunidades fronterizas, azotadas por la pobreza, la imposibilidad para llegar o salir en época de invierno y el olvido de los gobiernos de turno. Es el caso de Crucitas, Coopevega, Chamorro, Paso Real y cuántas comunidades más, que olvidadas por los gobiernos, sus pobladores reclaman desarrollo, venga de donde venga. Hay que ponerse en los zapatos, de aquellas familias que producto de la resolución judicial se quedaron sin trabajo, Para ellos, minería, representaba quizás la única fuente de empleo, era la esperanza de “al fin” contar con estabilidad laboral. De igual forma, en la desembocadura del Río Colorado, esas comunidades, con seguridad, ven el conflicto con Nicaragüa, como la única opción para que el Gobierno les atienda, y de paso, vea las condiciones de sus caminos, su infraestructura comunal y cómo deben sobrevivir en la otra Costa Rica. Ante esta realidad, han surgido diferentes reacciones que tratan de ocultar la verdadera realidad de estos pueblos. Por un lado, algunos quieren hacer responsables a los grupos ambientalistas por su lucha antiminera que llevó a un juicio y que al final, son los jueces quienes les dan la razón. Por otro lado, el Gobierno, al hacernos creer que una empresa minera, es la tabla de salvación para esas comunidades y se dio el lujo de declarar la extracción de oro a cielo abierto como Proyecto de Interés Público y Conveniencia Nacional. Si queremos buscar responsables, hay uno solo y es el Gobierno, el expresidente Arias por partida doble, por haber gobernado este país por ocho años y nunca interesarse por la vida de estos costarricenses, olvidados en educación, infraestructura, salud y, en general, relegados a la pobreza. Infinito es una empresa privada que como tal, merece respeto, pero no está exenta del cumplimiento de nuestra legislación y si hoy están a punto de perder definitivamente la concesión, es por sus propios errores. Si hubiesen actuado apegados a la ley ya estarían extrayendo oro, con un estudio de impacto ambiental y un permiso dado a nivel de los 20 metros. Pero su ambición y sus aparentes nexos políticos, los llevaron al error y deben pagar por eso. También es falso, que esas comunidades sin minería, están condenadas a la pobreza perpetua. San Carlos, cada distrito y cada cantón de la Región Huetar Norte, se ha forjado su propio desarrollo sin minería y esas comunidades no serán la excepción. Si algo es cierto, de todo lo que se ha dicho sobre minería a lo largo de más de 20 años, es que ningún pueblo en el mundo que haya apostado a la minería, hoy es un pueblo rico o desarrollado. Por el contrario muchos, luego de la extracción del preciado mineral y de un “desarrollo” temporal, se convierten en pueblos fantasmas. Debemos, desde ya, en forma solidaria, mineros y antimineros que hemos conocido la realidad de esa otra Costa Rica, exigir al gobierno que asuma su responsabilidad con esas comunidades, las empresas privadas deben ajustarse a la ley, pagar sus tributos, más nunca llevan la responsabilidad de suplantar al gobierno y mucho menos, dividir a los pueblos, que sedientos de caminos, puentes, agua potable y salud, se arrodillan ante cualquier “santo”, aunque no lo sea. Si ya la minería nos ha dividido como pueblo, es tiempo de unirnos para apoyar a los vecinos de las comunidades fronterizas, que con solo dotarlos de una buena carretera, educación, energía eléctrica y agua potable, ellos mismos propiciarán su desarrollo. La historia dará la razón y no podemos permitir que por tratarse de una empresa de gran capital, los procedimientos y las leyes se rindan ante ella, como si viniera a repartir sus riquezas. Sí a la empresa privada, sí a la inversión extranjera, sí al desarrollo, pero un rotundo no al compadrazgo político, a la ilegalidad, a la ambición sin límites y a la división de los pueblos, que por sed de desarrollo y olvido gubernamental, idolatran falsos salvadores. |
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