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escrito por Gerardo Quesada
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viernes, 20 de agosto de 2010 |
• Los principios y valores no se negocian…
Recientemente, la Sala Cuarta evitó que los costarricenses, con el instrumento del Referéndum, decidieran sobre la conveniencia o no, del matrimonio de personas del mismo sexo. Las encuestas, hechas por diferentes empresas señalan un amplio rechazo de los electores a esta iniciativa de los grupos de homosexuales y lesbianas del país. Los aplausos y las críticas no se hicieron esperar, por un lado, los grupos de homosexuales y lesbianas celebraron, por considerar que las mayorías no deben decidir asuntos de minorías, por otro lado, los grupos religiosos y miles de personas que recogieron firmas para utilizar el instrumento del Referéndum, sienten que es una bofetada a la institución del matrimonio y abre la puerta para que este movimiento logre su cometido en el país. El pronunciamiento de la Sala Cuarta, una vez más, señala un camino que se ha tomado en el país y es que en Costa Rica, La Constitución Política dice una cosa, pero se aplica lo que interpreten los magistrados de la Sala Cuarta. Casos concretos; la Reelección Presidencial, el tema del Interés Público y Conveniencia Nacional de un proyecto y ahora, el Referéndum. La ley que creó el referéndum, dice claramente, copia textual: Artículo 2º—Materias no sujetas a referéndum. De conformidad con el artículo 105 de la Constitución Política, no podrán someterse a referéndum proyectos de ley sobre materias presupuestaria, tributaria, fiscal, monetaria, crediticia, de pensiones, seguridad, aprobación de empréstitos y contratos, ni actos de naturaleza administrativa. Queda claro, que todo lo demás está sujeto a referéndum. Sin embargo, la Sala Cuarta dice lo contrario y nos mete en el tema de minorías y mayorías. El Referéndum no se estaba convocando, para decidir si alguien puede ser homosexual o lesbiana. El tema en discusión es el matrimonio, la base de la familia normal y por tanto, la base de una sociedad. El matrimonio para homosexuales y lesbianas, la Sala Cuarta lo pone en manos de los diputados. Más claro, le quita el poder al pueblo dado bajo el instrumento del referéndum, para entregarlo a un grupo de señores y señoras, que pronto decidirán sobre el tema. En Costa Rica, si por gustos y preferencias se debe legislar, contaríamos decenas de grupos, cuyas preferencias y gustos, no son compartidos por las mayorías. La acción de la Sala nos muestra cómo nuestro país se une a la corriente mundial que socaba la base de la sociedad que es la familia. La familia que para los creyentes es; mamá, papá, hijos e hijas, o por circunstancias especiales mamá o papá, hijos e hijas. Es nuestro sentir, que los grupos de homosexuales y lesbianas, más que un instrumento para proteger a sus parejas, buscan meterse en igualdad de condiciones a las familias normales ante Dios y la naturaleza misma del ser humano. Pretenderán la adopción de niños y niñas, participar de los programas sociales y tendremos un Estado sin rumbo y sin reglas claras, porque siempre tendrá que responder a los desenfrenos y aberraciones, de grupos que quieren que sus inclinaciones sexuales o de gustos y preferencias sean aceptados, para publicitarse y ver crecer su movimiento. Basta ya de acomodar las leyes, para satisfacer grupos, empresas y hasta personas en lo particular. Nuestra Costa Rica requiere firmeza en sus valores, en sus creencias y en sus leyes. Cuando se trate de valores y principios, lo que es normal para una minoría, no debe ser aceptado por las mayorías. Esas reglas no son impuestas por las mayorías, las dejó Dios para los creyentes y la naturaleza para los ateos. |
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